Julián Quirós: «No estamos al servicio de ningún emperador, pero sí al de un ideal honroso: el buen periodismo»

Buenos días. Mi primer saludo ha de ser para María Josefa, la viuda de José Javier Uranga , y para sus hijos Carmen y Jesús. Os traslado mi afecto, mi gratitud por haber venido, y la admiración y respeto al hombre que más allá de grandísimo periodista fue vuestro esposo y padre. Sólo los periodistas sabemos que la dedicación a este noble oficio exige más sacrificios, generosidad y entrega a las familias que a nosotros mismos. La vida de las familias de periodistas, de sus parejas y descendientes, están llenas de tal cantidad de renuncias grandes y pequeñas que es posible que nunca podamos compensarlo. Ocurre esto en la práctica habitual de la profesión, sujeta a exigencias constantes, pero cuando al día a día del oficio se le añade una amenaza física y asfixiante como el letal terrorismo sencillamente eso es algo que sólo sabéis calibrar bien los afectados. Quede aquí pues mi reconocimiento afectuoso pero también mi felicitación por haber sido partícipes del extraordinario bagaje y calidad humana de José Javier Uranga. Quiero darle las gracias a todos ustedes por su presencia; a las autoridades, colegas y personalidades de la vida pública de Navarra. Es un verdadero estímulo estar aquí, rodeado y bien arropado; es un placer volver a Pamplona, una ciudad donde se dan la mano la modernidad y la tradición, la identidad genuina y propia y la vocación de apertura al resto de España y por supuesto también al mundo, y una ciudad por cierto tan atenta a la formación de periodistas desde hace muchas décadas. Es una alegría contar aquí con la decana de la Facultad de Comunicación . Y agradezco que me acompañe el presidente de Vocento, Ignacio Ybarra, siempre comprometido con las cabeceras del grupo y con sus profesionales. Y mi gratitud imposible de cuantificar a la Fundación Diario de Navarra, y a su presidente, Luis Colina, por este inesperado reconocimiento, tanto que me tiene algo atribulado; así es, tengo que reconocer que la comunicación del fallo dejó algo de conmoción en mí por toda la significación que lleva detrás, y que obliga a hacer lo que esté en mi mano por ser digno merecedor de esta concesión. Muchas gracias pues a los miembros del jurado de la Fundación Diario de Navarra. Ayer pudimos hablar de periodismo en la conversación que mantuve con el director de 'Diario de Navarra', Miguel Ángel Riezu, convocados por Cociudadana. Mañana volveremos a hablar de periodismo, porque cada día debemos insistir en la importancia crítica y el valor trascendente del periodismo en las sociedades modernas, más ahora, cuando la eclosión digital está afectando a los pilares del ejercicio profesional y sobre todo a la médula de la discusión pública y al nuevo rol de los distintos poderes frente al derecho a la información de los ciudadanos. Pero hoy permítanme que, en un acto como este, tan cargado de relevancia, prefiera aprovechar la ocasión para rendir un sentido homenaje a José Javier Uranga y a las generaciones que precedieron a quienes ahora tenemos la responsabilidad de este desempeño. Me siguen extrañando esos periodistas, o esas personas de la rama que sean, que no tienen una palabra agradecida para los demás, convencidos de que han llegado a sus logros ellos solos, sin ayuda, que todo les es debido, que nada adeudan ellos a sus contemporáneos o predecesores, persuadidos de su carácter único y providencial. Uno cree en el periodismo de Redacción, de las redacciones, conforme reconocí en la reciente entrevista que me hizo Marcos Sánchez en 'Diario de Navarra'. El periodismo profesional consigue sus mayores aciertos por la aportación de muchos a un todo, por la agregación de valor desde distintas funciones y tareas colaborativas. Disiento de un periodismo profesional concebido como un universo de estrellas o celebridades divergentes. Las grandes marcas periodísticas deben tener de todo, incluso influencers, pero las coberturas, investigaciones y seguimientos informativos sólo pueden sustentarse con redacciones sólidas y profesionales donde se suman inteligencias y habilidades de distinto perfil y donde resalta una cosmovisión específica a la hora de comprender y explicar el transcurso de la actualidad y del mundo. Soy por tanto muy consciente de que al galardonado de esta edición le hace grande y ennoblece aquel que da nombre a este premio. Y empezaré quizá por el final o lo menos resaltado de la biografía de José Javier Uranga pero que en realidad supone un gesto que también da sentido a su trayectoria y resulta una contundente declaración de intenciones. Un asunto quizá rutinario o administrativo pero que ilumina su fuerza moral. Uranga se jubiló voluntariamente a una edad razonable, la que tocaba, como cualquier otro profesional. Esto no es una obviedad, porque entonces y más ahora existe una resistencia a abandonar los puestos de relumbrón, las posiciones de poder. En definitiva, resistencia a dar un paso atrás o simplemente al lado para hacer sitio a la siguiente generación . Compruebo que muchos periodistas v

Apr 2, 2025 - 16:49
 0
Julián Quirós: «No estamos al servicio de ningún emperador, pero sí al de un ideal honroso: el buen periodismo»
Buenos días. Mi primer saludo ha de ser para María Josefa, la viuda de José Javier Uranga , y para sus hijos Carmen y Jesús. Os traslado mi afecto, mi gratitud por haber venido, y la admiración y respeto al hombre que más allá de grandísimo periodista fue vuestro esposo y padre. Sólo los periodistas sabemos que la dedicación a este noble oficio exige más sacrificios, generosidad y entrega a las familias que a nosotros mismos. La vida de las familias de periodistas, de sus parejas y descendientes, están llenas de tal cantidad de renuncias grandes y pequeñas que es posible que nunca podamos compensarlo. Ocurre esto en la práctica habitual de la profesión, sujeta a exigencias constantes, pero cuando al día a día del oficio se le añade una amenaza física y asfixiante como el letal terrorismo sencillamente eso es algo que sólo sabéis calibrar bien los afectados. Quede aquí pues mi reconocimiento afectuoso pero también mi felicitación por haber sido partícipes del extraordinario bagaje y calidad humana de José Javier Uranga. Quiero darle las gracias a todos ustedes por su presencia; a las autoridades, colegas y personalidades de la vida pública de Navarra. Es un verdadero estímulo estar aquí, rodeado y bien arropado; es un placer volver a Pamplona, una ciudad donde se dan la mano la modernidad y la tradición, la identidad genuina y propia y la vocación de apertura al resto de España y por supuesto también al mundo, y una ciudad por cierto tan atenta a la formación de periodistas desde hace muchas décadas. Es una alegría contar aquí con la decana de la Facultad de Comunicación . Y agradezco que me acompañe el presidente de Vocento, Ignacio Ybarra, siempre comprometido con las cabeceras del grupo y con sus profesionales. Y mi gratitud imposible de cuantificar a la Fundación Diario de Navarra, y a su presidente, Luis Colina, por este inesperado reconocimiento, tanto que me tiene algo atribulado; así es, tengo que reconocer que la comunicación del fallo dejó algo de conmoción en mí por toda la significación que lleva detrás, y que obliga a hacer lo que esté en mi mano por ser digno merecedor de esta concesión. Muchas gracias pues a los miembros del jurado de la Fundación Diario de Navarra. Ayer pudimos hablar de periodismo en la conversación que mantuve con el director de 'Diario de Navarra', Miguel Ángel Riezu, convocados por Cociudadana. Mañana volveremos a hablar de periodismo, porque cada día debemos insistir en la importancia crítica y el valor trascendente del periodismo en las sociedades modernas, más ahora, cuando la eclosión digital está afectando a los pilares del ejercicio profesional y sobre todo a la médula de la discusión pública y al nuevo rol de los distintos poderes frente al derecho a la información de los ciudadanos. Pero hoy permítanme que, en un acto como este, tan cargado de relevancia, prefiera aprovechar la ocasión para rendir un sentido homenaje a José Javier Uranga y a las generaciones que precedieron a quienes ahora tenemos la responsabilidad de este desempeño. Me siguen extrañando esos periodistas, o esas personas de la rama que sean, que no tienen una palabra agradecida para los demás, convencidos de que han llegado a sus logros ellos solos, sin ayuda, que todo les es debido, que nada adeudan ellos a sus contemporáneos o predecesores, persuadidos de su carácter único y providencial. Uno cree en el periodismo de Redacción, de las redacciones, conforme reconocí en la reciente entrevista que me hizo Marcos Sánchez en 'Diario de Navarra'. El periodismo profesional consigue sus mayores aciertos por la aportación de muchos a un todo, por la agregación de valor desde distintas funciones y tareas colaborativas. Disiento de un periodismo profesional concebido como un universo de estrellas o celebridades divergentes. Las grandes marcas periodísticas deben tener de todo, incluso influencers, pero las coberturas, investigaciones y seguimientos informativos sólo pueden sustentarse con redacciones sólidas y profesionales donde se suman inteligencias y habilidades de distinto perfil y donde resalta una cosmovisión específica a la hora de comprender y explicar el transcurso de la actualidad y del mundo. Soy por tanto muy consciente de que al galardonado de esta edición le hace grande y ennoblece aquel que da nombre a este premio. Y empezaré quizá por el final o lo menos resaltado de la biografía de José Javier Uranga pero que en realidad supone un gesto que también da sentido a su trayectoria y resulta una contundente declaración de intenciones. Un asunto quizá rutinario o administrativo pero que ilumina su fuerza moral. Uranga se jubiló voluntariamente a una edad razonable, la que tocaba, como cualquier otro profesional. Esto no es una obviedad, porque entonces y más ahora existe una resistencia a abandonar los puestos de relumbrón, las posiciones de poder. En definitiva, resistencia a dar un paso atrás o simplemente al lado para hacer sitio a la siguiente generación . Compruebo que muchos periodistas vascos y navarros que he conocido y admirado, víctimas de la extorsión etarra , han obrado de forma similar a Uranga en lo que respecta a no perpetuarse en la dirección de los periódicos. El último de ellos ha sido hace unos días Josemi Santamaría, de 'El Correo' (desde aquí mando un fuerte abrazo a Josemi), pero también cabe mencionar a muchos otros colegas de los que tanto hemos aprendido y que sin embargo supieron irse ligeros de equipaje: Inés Artajo, Juan Carlos Martínez, José Gabriel Múgica, Ángel Arnedo. Y podría mencionar directores de otras latitudes, con igual convicción, pero quedémonos con la referencia de Martin Baron , que pasó la semana pasada por España invitado por Vocento: el mejor director del mundo occidental desde el cambio de siglo, con 18 premios pulitzer, director de 'The Washington Post' y 'The Boston Globe'. También Baron supo levantar la mano a tiempo, ser generoso y dar oportunidades a los siguientes del escalafón. Porque cuando lo has entregado todo durante 30 o 40 años, cuando has formado a varias generaciones de periodistas, cuando te has vaciado de hecho, cuando no has querido nada más que coser periódicos día a día, tarde a tarde, se entrega el testigo con alegría satisfecha a la siguiente generación; se procede al relevo sin más, sin amarrarse a la silla, al poder de la influyente silla del Director. Ahí creo encontrar una señal inequívoca de honradez profesional . Permítanme una licencia, tan literaria como quizá improcedente. También Napoleón presumía de que dejaba a sus generales exhaustos, para el arrastre, incluso presumía de que no volvían a orinar con soltura tras estar bajo sus órdenes, porque no había según Bonaparte más honor para un hombre o un soldado que servirle y no ser nada después. Nosotros no estamos al servicio de ningún emperador, pero sí al de un ideal honroso como el buen periodismo. He leído con verdadero interés la estupenda biografía de Miguel Ángel Iriarte sobre José Javier Uranga. Y me han venido al recuerdo mis años como director de Las Provincias, una cabecera donde también se defiende la natural singularidad territorial integrada en un sentido amplio de españolidad, con espacios, historia y vínculos compartidos. Agradezco lo que José Antonio Zarzalejos , predecesor mío en estepremio y en la dirección de ABC, escribió sobre mí el domingo pasado en 'Diario de Navarra', cuando dijo que uno disponía también de una perspectiva periférica y por lo tanto integradora de toda España. Creo en ello, esa es la verdad. Y al fin es lo mismo que dijo el Rey Don Felipe en su discurso de proclamación hace diez años: «caben distintas formas de sentirse español». Represento a un periódico, ABC, que cree con firmeza en la defensa de las libertades públicas, los derechos individuales, la separación de poderes, la independencia judicial, el derecho a la información, la libertad de empresa y la monarquía parlamentaria constitucional. Y que cree igualmente en una idea nacional que nos trasciende, y conecta los diferentes pueblos de España, con sus singularidades, en un espacio físico, histórico, sociopolítico y espiritual indiscutibles. Lamento que cuando más fácil teníamos defender y ampliar esos logros colectivos se estén poniendo en cuestión y debilitando. El último medio siglo ha supuesto lo mejor de la historia contemporánea de España, en todos los órdenes, y cuando más fácil teníamos consolidar un modelo civilizado y próspero que ponía fin al guerracivilismo secular, otra vez algunos prefieren volver a los demonios antes que perseverar en el entendimiento. La deserción del consenso constitucional supone una amenaza para nuestro futuro y no tenemos derecho a negarles a las jóvenes generaciones un país con las mismas oportunidades y concordia como la que hemos disfrutado nosotros. 'Diario de Navarra' es una referencia sólida sobre todo esto. Un proyecto prodigioso nacido en aquel siglo XX que resultó ser el siglo de los periódicos, del periodismo profesional, de la potencia de la prensa como uno de los rectores de las sociedades modernas. Cuando algunos burgueses se decidían a poner en marcha un periódico que representara y defendiera ideas y principios capitales. En el caso del 'Diario de Navarra', por supuesto la defensa de la autonomía editorial y la independencia informativa, así como algunos valores esenciales que acabo de mencionar, pero también la convicción de un profunda identidad navarra como signo particular de españolidad, de esa manera distintiva de sentirse español de la que hablaría Felipe VI un siglo después. Los fundadores del 'Diario de Navarra' entendieron que podían tener un programa, un ideario, sin subordinarse a un partido político o a un líder. Subrayaban palabras hermosas en su acta fundacional, que decía tener «una sed grande de imparcialidad, de verdad y de justicia… que el oprimido halle en nuestra voz un eco, y el opresor, una censura». Permítanme que les señale que en la otra punta de España, en el Mediterráneo, otros burgueses vinieron a decir algo parecido con palabras no muy distintas al fundar el periódico 'Las Provincias' : «Venimos a ser la voz de los que callan, las voz del pueblo que quiere ser justa, económica y prudentemente gobernado». Por eso mismo creo que, más allá de la prensa de Madrid, existen una decena de periódicos regionales claves en nuestro futuro inmediato para defender esa idea nacional compartida que está amenazada y sin embargo ha sido siempre plenamente compatible con la diversidad territorial. La gran prensa regional todavía tiene muchos servicios que prestar más allá del día a día de sus pueblos y ciudades. Resulta inevitable referirse al atentado de ETA contra José Javier Uranga en el verano de 1980, sé que todos ustedes lo conocen sobradamente y procuraré no pecar de reiterativo. Al menos veinte balazos impactaron en su cuerpo después de que los terroristas Bittori y Taxto empezaran disparándole a las piernas. Primero a las piernas, para hacerle caer, como a Montanelli tres años antes. Decía el viejo Indro: «quien haya estado en la guerra sabe que las heridas en las piernas, independientemente de su gravedad, provocan una flojera inmediata». De Milán a Pamplona, de las Brigadas Rojas a ETA, resulta curioso cómo el execrable terrorismo hermanó a dos grandísimos periodistas en un atentado similar camino de sus periódicos. Según declaración propia, tras recibir cuatro disparos, Montanelli gritó «cobardes» a sus asesinos. No deseo frivolizar, pero en la reacción de ambos se adivina la distancia temperamental entre los distintos caracteres nacionales. De hecho, Montanelli tiene escrito que el temperamento español se caracteriza por su tempo serio y grave. El italiano gritó «cobardes» y el navarro Uranga hizo de español y de periodista en sus primeras palabras tras ser derribado. Dijo: «Ha sido una mujer, la perdono, que venga un cura». Permítanme también que más allá de la heroica supervivencia a un atentado pavoroso, me conmueva su vuelta a la escritura, al artículo del periódico local, evitando cualquier rastro de épica personal. Lo hizo en su sección habitual, el 6 de septiembre de 1981, sin apelación directa al atentado, con contención; me impresiona ese principio, aparentemente anodino, de retrato íntimo y cotidiano. Escribía Uranga: «He vuelto al campo, al paisaje, con los ojos de siempre…, he vuelto a recorrer Navarra de arriba abajo». Un hombre que acaba de estar casi un año en el hospital, que ha recibido nuevas amenazas ferores del terrorismo, elude todo protagonismo personal y vuelve para hacer cuentas con su paisaje y territorio, para hacer cuentas consigo mismo en realidad. «Como víctima, me sentí totalmente desprotegido, no me hizo caso nadie y vivimos a la intemperie». Lo declarará Uranga tiempo después, acerca de los siniestros años de plomo. Uno recuerda bien la primera vez que pisó la redacción de 'El Correo' en Bilbao, a finales de los noventa. Me mandaron desde el diario 'SUR' de Málaga para aprender alguna cosa y no he olvidado la tenue inquietud que sentí aquel día intrascendente en el que no ocurrió nada anormal. Salvo que Ángel Arnedo y Paco Beltrán tuvieron la deferencia de invitar a comer a un joven redactor jefe que estaba de visita y recuerdo la tensión de sentarme en el mismo coche que ellos. Con guardaespaldas y otro automóvil de refuerzo al lado. Tuvimos que esperar varios minutos con el motor encendido a que nos permitieran salir del edificio a toda prisa y al bajar alguno de ellos me previno con antelación: ahora sal rápido y cruza la puerta del restaurante. Durante la comida callábamos cuando entraba un camarero en el reservado y al volver al periódico dimos alguna vuelta alrededor de la sede antes de que la seguridad nos autorizara la entrada. Quizá no ocurriera exactamente así, pero así lo percibí sin duda desde mi extrañamiento andaluz de entonces. Nada pasó en realidad, pero las propias medidas de seguridad ya te hacían sentir intranquilo, ante una amenaza latente o desafiante. Ángel Arnedo me aclaró hace pocos días, «te acabas acostumbrando a todo», y me reveló los dos consejos básicos que le dio un ministro de Interior para protegerle: «no salgas en ninguna foto y duerme en distintos domicilios». Aquellos episodios conformaron la experiencia generacional a las que aludo; el miedo físico, el temor real. Por eso conviene que los demás ahora no nos adornemos demasiado respecto a las distintas presiones que recibimos en la actualidad; no son nada comparadas con las que sufrieron Uranga y todos los profesionales de su época. Acabo mi tributo con unas pocas palabras personales que escribí en otras pendencias, pero que modestamente intentan valer como retrato íntimo o desahogo lírico que definen mis 35 años de actividad periodística: Soldado entusiasta fui de un oficio sanguinario, mi hermandad labré con otros descreídos que probaron fortuna en el molde de los periódicos. Sirvan como cuadro vivencial de una trayectoria. Quizá sin esta España prodigiosa del último medio siglo uno no estaría aquí. Salí de la Extremadura limitada de los setenta y el periodismo me lo ha dado todo. Por eso yo no soy objetivo y, en efecto, mi primer sentido de pertenencia, mi primera militancia, aparte de mi familia, es con el periodismo; por encima de cualquier otra condición. El periodismo me ha dado lo que buscaba, una vida ancha, interesante a mi parecer, a cambio de cumplir con ciertos usos gremiales sustentados en el trabajo y la honradez. Y quisiera que esto que yo he disfrutado, pudiera servirle a otros más adelante; por eso me preocupa el futuro, por los que vienen detrás. Que los que vienen detrás también puedan beneficiarse del legado de experiencias, ejemplo, prácticas profesionales y principios doctrinales que nosotros recibimos en su momento. Por eso mismo, me gustaría enlazar el reconocimiento a las generaciones precedentes con el estímulo y refuerzo a los jóvenes periodistas, a las nuevas generaciones. A quienes han llegado a las Redacciones en los últimos años y a quienes llegarán pronto. No sólo de ellos es el futuro, sino que nuestro presente depende también de ellos. Esa es la obligación de quienes ahora estamos en los puestos de responsabilidad. Por tanto, me gustaría dedicar este premio a los jóvenes periodistas de Diario de Navarra y de ABC, a cualquier joven periodista si me apuran. A todos los nuevos profesionales a los que tanto les pedimos a cambio de devolverles menos de lo que nos gustaría en estos tiempos de tránsito y dificultades. Desgraciadamente, para nuestros periodistas más jóvenes vuelve a ser cierto aquello que escribió el mítico Yale con mucha sorna en sus memorias. Decía: «yo he recomendado a varias generaciones de periodistas que pidan anticipos, aunque no los necesiten, siempre hay que hacerle creer a la empresa que no ganamos lo suficiente». Esta precariedad vuelve a ser una tórrida realidad, dentro y fuera del periodismo, y debería ser una responsabilidad de todos, empezando por los poderes públicos, satisfacer las necesidades y aspiraciones de nuestros jóvenes antes que recrearse en batallas estériles y superadas. Por tanto, termino con mi reconocimiento a los periodistas que no han perdido la vocación ni la fe en el oficio, estén donde estén. En definitiva; la fe, la ética y la estética que nos enseñaron referentes como José Javier Uranga. Nada más. Muchas gracias a todos.