Autodiálogo entre materialismo e idealismo
Mirando hacia atrás, hacia el año de nacimiento de Kastrup, recuerdo tenía yo dieciocho años cumplidos, me viene a la cabeza como los debates filosóficos en la universidad española insistían en la lectura de un libro especialmente combativo escrito en 1909 sobre esta misma cuestión, hoy una antigualla, donde los asuntos se contemplaban desde el... Leer más La entrada Autodiálogo entre materialismo e idealismo aparece primero en Zenda.

Pensar la ciencia. Los contornos de una nueva visión científica del mundo, que originalmente tiene un título más atractivo: “Science Ideated. The fall of matter and the contours of the next mainstream scientific worldview”, y con ello no desmerecemos para nada el excelente trabajo de su traductor J. Rafael Hernández Arias, es el segundo libro de Bernardo Kastrup publicado por la editorial Atalanta. Nacido en Río de Janeiro en 1974, radicado en Holanda, es doctor en filosofía, ingeniería informática e inteligencia artificial. Como científico ha trabajado en el CERN y en los laboratorios de investigación Philips. Es director de la Essentia Foundation, asociación consagrada a la critica del materialismo metafísico que prevalece en el mundo de la ciencia actual. Creador de la corriente filosófica denominada “idealismo analítico”, sobre la que hablaremos a lo largo de esta reseña, es autor de una extensa obra filosófica en la que se incluyen libros sobre Schopenhauer (1788-1860) y Jung (1875-1961), pensadores que han influido en su obra. Kastrup es riguroso e inteligible y no rehuye la controversia. Como señala en un breve texto explicativo sobre los objetivos de la organización antes citada, cuyo mero nombre sabemos enerva a los materialistas desde hace muchas décadas, se han ido acumulando las evidencias procedentes de las investigaciones sobre los fundamentos de la física, la neurociencia y la filosofía analítica, de que el materialismo es falso.
Pondré de manera decidida las ruedas por delante del caballo para mejor empezar a sintetizar el contenido de este libro fascinante, perfectamente articulado en siete partes y treintaiún capítulos, escrito con una poco frecuente claridad. La erosión de la imagen del mundo procedente de la religión en la cultura occidental, que tiene raíces antiguas pero se desarrolló con mucha más intensidad durante el siglo XIX, ha traído consigo una cultura fracturada. No solo para las élites, como ocurría desde el comienzo de la Modernidad, recordemos las guerras de religión, sino también para la totalidad de la sociedad dando origen a lo que se ha denominado Era Secular. En este contexto los filósofos han dejado de tener el monopolio del pensamiento metafísico creativo, siendo los medios de comunicación los que hacen pasar prioritariamente la ciencia por metafísica. Se hace necesario un viraje, constituyendo el significado y destino de la cultura occidental la idea clave que pone en marcha esta investigación filosófica. El autor, al que tratamos de seguir en todo momento, considera insostenible la carencia de un firme fundamento metafísico. No resisto la siguiente interpolación:
Juan Larrea, en Razón de ser (1956), vinculaba la actividad científica con la multiplicación de los tiempos y las distancias. Nos encontramos ante un pasado fantásticamente intolerable, sobrecogedor… recalcando como la consciencia subjetiva de la humanidad se estaba ensanchando. Destacaba como la erudición y la especulación habían alcanzado en su tiempo magnitudes abrumadoras. En las artes han desaparecido la medida y la forma humana de su horizonte. La mente humana se encuentra en estado ígneo. Se progresa en plena demencia…Y culminaba: la misma ausencia de proporción se descubre en lo infinitamente pequeño.
Kastrup considera la mente, no la materia, como el fundamento de la realidad. Para un idealista no hay cerebro o materia fuera de la mente y para persuadirnos racionalmente de su afirmación pone en juego, desde el inicio de su trabajo, un análisis riguroso que tiene como punto de apoyo no sólo el uso refinado de los recursos conceptuales propios de su disciplina también los avances de la mecánica cuántica. Y así fundamentar sus criticas “al materialismo metafísico, al negacionismo de la consciencia, al pampsiquismo y a otros puntos de vista filosóficos y científicos imperantes.” Esto será realizado de manera continuada a lo largo del libro tomando como objetivo determinados pensadores y problemáticas. Una lectura atenta permitirá al lector seguir los argumentos y contra argumentos sin problema, disfrutando de ellos como peripecias.
Los cinco sentidos, y la experiencia perceptiva consiguiente que nos proveen, son el punto de partida tanto de nuestra existencia personal como de la actividad científica. Nuestra consciencia fenoménica. Esta se caracteriza en el ámbito científico por la descripción del mundo cualitativo mediante cantidades. Peso, longitud, ángulo, velocidad… todo ello mediante la introducción en el entorno de instrumentos cada vez más sutiles de mejora de la percepción. Sin embargo entre los siglos XVII y XVIII se va sustituyendo el territorio por el mapa, otorgando realidad a meras descripciones y arrinconando el mundo de las cualidades. Surge el problema de la consciencia con la reclusión de la materia en la cantidad. El materialismo científico hace descansar todo en una materia externa independiente de la mente, llegando en sus versiones más extremas a negar existencia a la consciencia, a la que considera un epifenómeno. En el mejor de los casos, afirmando cosas como: “todas las experiencias son generadas por el metabolismo cerebral”. La neurociencia es la ciencia que hoy lidera, al menos algunos de sus representantes, la actitud negacionista de la conciencia.
Interrumpamos el flujo de la exposición para compartir una cita de Max Plank (1858-1947) contenida en el texto: considero la consciencia como algo fundamental. Considero la materia como un derivado de la consciencia. No podemos ir detrás de la consciencia.
En la primera parte de las siete que contiene el libro se estudia al materialismo científico, la filosofía hoy preponderante, mostrando sus contradicciones y su tendencia a llegar al absurdo por un mal manejo del lenguaje. El materialismo es calificado de autentico malentendido. Es esta quizá la parte filosófica decisiva del libro y el autor resulta convincente. Los resultados experimentales de la física cuántica han refutado el realismo físico: no hay ahí fuera un mundo de mesas y sillas físicamente objetivo e independiente. Este mundo cotidiano macroscópico existe sólo en cuanto es observado. Y no, no es pura matemática como añaden algunos que consideran que “la consciencia no ocurre que es una construcción errónea” que lo que hay son fórmulas. Salvo que añadamos: “matemática observada”. La experiencia no desaparece redefiniendo los términos para mejor rechazar la concepción cualitativa de la conciencia. Nuestra conciencia fenoménica es cualitativa y tiene un valor de supervivencia, un sentido evolutivo. La consciencia involucra atención, discriminación y motivación. Los materialistas no tienen ni idea de como es posible que el cerebro material pueda producir la experiencia. Aunque lo intentan de manera continuada cuando promueven la reducción conceptual de las potencias de la consciencia a las tareas de los ordenadores. Estos carecen de estados experienciales, hay una inconmensurabilidad entre estos estados y el procesamiento de datos. La crítica al negacionismo de la consciencia y al pampsiquismo constitutivo, que promueven algunos materialistas ingeniosos, prosigue en los vericuetos filosóficos críticos en los que se mueve nuestro autor, como un autentico pez espada, llegando a capítulos divertidos e inteligentes como el titulado: Robots sintientes, cucharas conscientes y otros divertidos disparates… Pero hemos prometido, ya al principio, referirnos al remedio: el idealismo analítico, y vamos a cumplir. El tiempo es aquello que apremia.
Siguiendo la prescripción schopenhaueriana: debemos aprender a comprender la naturaleza partiendo de nosotros mismos, no a nosotros mismos partiendo de la naturaleza se llega a la consideración de la materia como “la apariencia extrínseca de la fenomenalidad interna”. Porque amigos, existe algo que nos diferencia de las teteras: la introspección. Los mimos no son “nosotros mismos.”
“El idealismo analítico afirma que el fundamento de la existencia es la consciencia fenoménica. Todo lo demás es reducible a configuraciones y pautas de excitación de la consciencia”. Reconozco, prosigue, que otros seres vivientes tienen una vida interior consciente propia. Como si dijéramos: no son sólo fuentes deletéreas de desinformación.
“Reconozco también que hay algo ahí fuera, más allá de las mentes individuales, que continuaría existiendo aunque nadie lo estuviera mirando. Ese algo ahí fuera es de naturaleza experiencial, esto es, consiste en actividad mental transpersonal. Dicha actividad mental sólo se nos presenta como el universo inanimado”. Y aquí me detengo, conecten esto con la reseña anterior, la de los Textos herméticos. No estamos sólos y no debemos permitir al “ministerio de la verdad”, los robotoídes del “imperio nunca tuvo fin” de Philip K. Dick (1928-1982), reemplazar la concreción del mundo por abstracciones. Y aquí cobra también pleno sentido la convincente afirmación de Karl Popper (1902-1994): la objetividad de las afirmaciones científicas reside en que puedan ser demostradas de manera intersubjetiva.
La quinta parte dedicada a la Física es decisiva. Son precisamente las anomalías cuánticas las que nos deben llevar a hacer repensar la realidad. También, y relacionado con la neurociencia (sexta parte), debemos trascender el cerebro: la consciencia va más allá de lo que piensas. El libre albedrío, la experiencia psicodélica, la experiencia del flujo del tiempo y el misticismo son objeto de inteligentes reflexiones en las que se entreveran los argumentos filosóficos con los hallazgos experimentales aportados por distintas disciplinas. Terminaremos con algunas preguntas, que surgen al filo de una lectura que recomiendo encarecidamente a los lectores. Unas preguntas y una cita de Hume (1711-1776).
¿Es cierto, como parece afirmar el autor, que los eventos y objetos macroscópicos son un mero resultado compuesto de la dinámica microscópica?
¿Quién o qué podría causar el colapso de la función de onda si no es la consciencia humana?
¿Existe una sola consciencia transpersonal?
Look round the world: contemplate the
whole and every part of it: you will
find it to be nothing but one great
machine…
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Autor: Bernardo Kastrup. Traducción: Jose Rafael Fernández Arias. Título: Pensar la ciencia. Editorial: Atalanta. Venta: Todos tus libros.
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