Un delirio muy bien organizado
La premisa es simple, pero sus ramificaciones son infinitas: un joven escritor colombiano, en una suerte de cruzada literaria, decide escribirle un mail a César Aira. No le han facilitado la dirección; la deduce, la intuye, la inventa. Es un juego de probabilidades, un algoritmo casero que termina en una pirueta del azar: el maestro... Leer más La entrada Un delirio muy bien organizado aparece primero en Zenda.

Algunas novelas se leen con devoción, otras con asombro, incluso con una risa cómplice, la que nace cuando la inteligencia y el absurdo se combinan. El mal de Aira, de Andrés Restrepo, combina todas las posibilidades. Es una autoficción chispeante y posmoderna, que juega con los límites de la literatura y la identidad, mezclando humor, teoría y delirio con una precisión envidiable, porque la locura en arte siempre precisa control.
Pero El mal de Aira no es solo la crónica de un mail enviado y recibido. Es también el retrato de un narrador entrañable, lúcido y loco a partes iguales, que entre intentos de invitar al escritor argentino a Medellín y una accidentada relación con la burocracia cultural de su país, que incluso le lleva a la cárcel, termina trazando un mapa delirante de la literatura contemporánea. La novela se pliega y se despliega sobre sí misma, funcionando tanto como una introducción traviesa al universo de Aira como una exploración de las posibilidades narrativas más allá del boom latinoamericano.
Si algo deja claro el libro es que Iberoamérica no es un bloque homogéneo de realismo mágico y herencias del boom. Restrepo se inscribe en una tradición más subterránea y heterodoxa, que conecta con escritores como Gustavo Faverón Patriau, cuya Vivir abajo es un ejercicio de desmontaje de la memoria y la violencia a través de estructuras narrativas laberínticas, o con Mario Bellatin y su literatura de deformaciones, excesos y juegos especulares. Como ellos, el autor entiende que la literatura latinoamericana no solo puede ser experimental, sino que debe serlo para sobrevivir a su propio peso histórico.
La sombra de Roberto Bolaño se proyecta a lo largo del libro, no solo en su protagonista errático y su fascinación por la literatura como un campo de batalla donde todo es azaroso y vertiginoso, sino en la energía misma del relato. Como en Los detectives salvajes, aquí la literatura no es solo una ocupación intelectual, sino una obsesión, una excusa para la aventura, una deriva que mezcla realidad y ficción. La admiración por Aira recuerda, a su manera, la veneración por los poetas invisibles en la obra de Bolaño, esos fantasmas de la literatura que existen más en la especulación de sus lectores que en sus propios libros.
Pero más atrás, en el linaje de esta novela está también Manuel Puig, el gran narrador del kitsch, el maestro del pastiche, el precursor de una literatura que desafiaba la seriedad del canon mezclando lo culto y lo popular. Como en El beso de la mujer araña, aquí el diálogo con la cultura pop es más que un adorno: es el centro mismo de la poética. Y es en ese espacio donde El mal de Aira encuentra uno de sus momentos más brillantes: la elevación de Bob Esponja como un ícono de la modernidad, un campo de batalla estético donde se debaten el nihilismo y el vitalismo, la alienación y la imaginación.
Porque El mal de Aira es, en última instancia, una novela sobre la literatura y sus caprichos. Sobre los malentendidos y las mitologías que construimos alrededor de los escritores, sobre la admiración y el desencanto, sobre la imposibilidad de una respuesta definitiva. Con una prosa ágil y un sentido del humor siempre afilado, Andrés Restrepo demuestra que la literatura iberoamericana no es una sola, que no vive solo del pasado y que hay un vértigo posmoderno que sigue reinventándose en cada página. Y que, a veces, todo lo que se necesita para desencadenar una gran historia es un email enviado a la dirección correcta.
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Autor: Andrés Restrepo. Título: El mal de Aira. Editorial: Barrett. Venta: Todos tus libros.
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