Miles de camareros robot con cara de gato están invadiendo los restaurantes japoneses. No quitan empleos a humanos: los salvan
Son eficientes, capaces de cargar mucho peso, aguantan jornadas eternas de trabajo sin protestar por los turnos y no piden días libres ni vacaciones. Además son de lo más adorable o, mejor dicho, kawaii: los camareros robot gato están invadiendo los restaurantes y cafeterías de Japón. Y no se trata solo de una moda. Estas simpáticas criaturas electrónicas hace tiempo que dejaron de ser una novedad, pero es ahora cuando el sector se ha dado cuenta de que, lejos de ser una mera curiosidad para clientes y turistas, son la verdadera salvación de sus negocios. Especialmente en un contexto de crisis laboral que cada vez sufren más los locales de hostelería nipones. El futuro que nos vendieron de restaurantes totalmente robotizados es probable que no llegue a materializarse nunca, salvo excepciones puntuales. Lo hemos visto con la pizzería modular automatizada de Pizza Hut y, más recientemente, en un bar del aeropuerto de El- Prat. Hay robots que elaboran solos el sushi, otros son barmans para tener incluso en casa, y los hay que fríen patatas y cocinan hamburguesas como si la cocina fuera una fábrica de coches. No dejan de ser versiones más llamativas de una Thermomix, robots que automatizan tareas culinarias y ahorran tiempo, pero el contacto con los humanos es algo distinto. Y resulta que también se les da muy bien. Tenía que ser Japón el país pionero en explotar esta tecnología, que combina electrónica, diseño, programación e inteligencia artificial, todo aderezado con sus buenas dosis de cuquismo y educación japonesa. Sus camareros robot hace años que se importan a medio planeta, y no es raro encontrar al menos un restaurante asiático en cada ciudad de mediano tamaño en España que no cuente con un una de estas criaturas. Son incluso fuente de atracción al local, que gana clientes curiosos por ver en acción el robot más que por la comida, pero en Japón se han revelado como la solución a la falta de camareros. O a la de japoneses en general. Una crisis demográfica que ahoga al sector servicios Japón tiene una de las tasas de desempleo más bajas de los países que forman la OECD, pero eso no son buenas noticias. El panorama a medio plazo pinta muy negro para su economía, pues se estima que, de seguir este ritmo, para el año 2040 tendrá un déficit de mano de obra de 11 millones de trabajadores, según un informe del Recruit Work Institute. El causante de esta debacle es la crisis demográfica que afecta al país, calculándose que en el año 2065 un 40% de la población tendrá 65 años o más. Nacen pocos niños y la población envejece cada vez más, reduciendo así año a año los japoneses en activo que puedan cubrir la demanda de empleo, una crisis que está afectando, particularmente, a la hostelería y el sector servicios en general. Todo un problema para un país cuya economía depende hoy en gran medida del turismo y la industria del ocio. El pasado mes de enero se contabilizaron tres ofertas de trabajo de camarero por cada demandante. Hay demasiado trabajo para todos. Estos puestos tradicionalmente se han cubierto con gente joven -aún hoy muchas chicas empiezan a trabajar mientras estudian y suelen dejarlo cuando logran otros puestos más profesionales o contraen matrimonio-, un grupo poblacional cada vez más escaso y que, como ocurre en otros países, incluida España, ya no está tan dispuesto a aguantar ciertas condiciones de trabajo sirviendo mesas y atendiendo clientes. Y ante este panorama, los robots con cara de gato han llegado al rescate. Robots trabajadores que no roban empleos El mercado de los robots en Japón, centrándonos exclusivamente en los diseñados para el sector servicios, mueve unos 17.200 millones de dólares anuales en todo el mundo, casi 16.000 millones de euros. Y, si se cumplen las previsiones, triplicará su valor en los próximos cinco años, llegando a alcanzar los 400.000 millones de yenes en 2030, según estimaciones de Techcruch. Y es que la demanda no hace más que aumentar en un sector que, en realidad, está aún en pañales. “El mercado de robots de servicio no ha hecho más que empezar”, afirma Takayuki Ito, presidente de la Federación Internacional de Robótica, pues es ahora cuando se está destapando su verdadero potencial. Su misión es clara: ayudar al ser humano a cumplir todo tipo de tareas cotidianas y rutinarias, tanto en el hogar como en entornos profesionales donde se exige cierto trabajo físico. La definición que recoge la propia federación es simple: «mecanismo accionado programado con cierto grado de autonomía para realizar tareas de locomoción, manipulación o posicionamiento». A diferencia de lo que se teme con el avance de otras tecnologías como la IA, los robots de servicio no van a quitar el empleo a los humanos, al menos no en la hostelería. El objetivo es el contrario: facilitar la contratación de personas y mantener a flote los negocios cubriendo las plazas

Son eficientes, capaces de cargar mucho peso, aguantan jornadas eternas de trabajo sin protestar por los turnos y no piden días libres ni vacaciones. Además son de lo más adorable o, mejor dicho, kawaii: los camareros robot gato están invadiendo los restaurantes y cafeterías de Japón. Y no se trata solo de una moda.
Estas simpáticas criaturas electrónicas hace tiempo que dejaron de ser una novedad, pero es ahora cuando el sector se ha dado cuenta de que, lejos de ser una mera curiosidad para clientes y turistas, son la verdadera salvación de sus negocios. Especialmente en un contexto de crisis laboral que cada vez sufren más los locales de hostelería nipones.
El futuro que nos vendieron de restaurantes totalmente robotizados es probable que no llegue a materializarse nunca, salvo excepciones puntuales. Lo hemos visto con la pizzería modular automatizada de Pizza Hut y, más recientemente, en un bar del aeropuerto de El- Prat. Hay robots que elaboran solos el sushi, otros son barmans para tener incluso en casa, y los hay que fríen patatas y cocinan hamburguesas como si la cocina fuera una fábrica de coches. No dejan de ser versiones más llamativas de una Thermomix, robots que automatizan tareas culinarias y ahorran tiempo, pero el contacto con los humanos es algo distinto. Y resulta que también se les da muy bien.
Tenía que ser Japón el país pionero en explotar esta tecnología, que combina electrónica, diseño, programación e inteligencia artificial, todo aderezado con sus buenas dosis de cuquismo y educación japonesa. Sus camareros robot hace años que se importan a medio planeta, y no es raro encontrar al menos un restaurante asiático en cada ciudad de mediano tamaño en España que no cuente con un una de estas criaturas. Son incluso fuente de atracción al local, que gana clientes curiosos por ver en acción el robot más que por la comida, pero en Japón se han revelado como la solución a la falta de camareros. O a la de japoneses en general.
Una crisis demográfica que ahoga al sector servicios
Japón tiene una de las tasas de desempleo más bajas de los países que forman la OECD, pero eso no son buenas noticias. El panorama a medio plazo pinta muy negro para su economía, pues se estima que, de seguir este ritmo, para el año 2040 tendrá un déficit de mano de obra de 11 millones de trabajadores, según un informe del Recruit Work Institute. El causante de esta debacle es la crisis demográfica que afecta al país, calculándose que en el año 2065 un 40% de la población tendrá 65 años o más.

Nacen pocos niños y la población envejece cada vez más, reduciendo así año a año los japoneses en activo que puedan cubrir la demanda de empleo, una crisis que está afectando, particularmente, a la hostelería y el sector servicios en general. Todo un problema para un país cuya economía depende hoy en gran medida del turismo y la industria del ocio. El pasado mes de enero se contabilizaron tres ofertas de trabajo de camarero por cada demandante. Hay demasiado trabajo para todos.
Estos puestos tradicionalmente se han cubierto con gente joven -aún hoy muchas chicas empiezan a trabajar mientras estudian y suelen dejarlo cuando logran otros puestos más profesionales o contraen matrimonio-, un grupo poblacional cada vez más escaso y que, como ocurre en otros países, incluida España, ya no está tan dispuesto a aguantar ciertas condiciones de trabajo sirviendo mesas y atendiendo clientes.
Y ante este panorama, los robots con cara de gato han llegado al rescate.
Robots trabajadores que no roban empleos
El mercado de los robots en Japón, centrándonos exclusivamente en los diseñados para el sector servicios, mueve unos 17.200 millones de dólares anuales en todo el mundo, casi 16.000 millones de euros. Y, si se cumplen las previsiones, triplicará su valor en los próximos cinco años, llegando a alcanzar los 400.000 millones de yenes en 2030, según estimaciones de Techcruch. Y es que la demanda no hace más que aumentar en un sector que, en realidad, está aún en pañales.
“El mercado de robots de servicio no ha hecho más que empezar”, afirma Takayuki Ito, presidente de la Federación Internacional de Robótica, pues es ahora cuando se está destapando su verdadero potencial. Su misión es clara: ayudar al ser humano a cumplir todo tipo de tareas cotidianas y rutinarias, tanto en el hogar como en entornos profesionales donde se exige cierto trabajo físico. La definición que recoge la propia federación es simple: «mecanismo accionado programado con cierto grado de autonomía para realizar tareas de locomoción, manipulación o posicionamiento».

A diferencia de lo que se teme con el avance de otras tecnologías como la IA, los robots de servicio no van a quitar el empleo a los humanos, al menos no en la hostelería. El objetivo es el contrario: facilitar la contratación de personas y mantener a flote los negocios cubriendo las plazas que quedan vacantes.
Y lo más importante: los robots camarero ayudan a los trabajadores humanos a cumplir con su trabajo. Con la población envejecida, el Gobierno está animando a las empresas a contratar y mantener trabajadores que ya han cumplido los 65 años, y cada vez dependen más de la mano de obra extranjera. Dos escollos problemáticos en el sector servicios, donde comunicarse con los clientes y la resistencia física son requisitos cruciales. Los robots pasan ambas pruebas con nota.
¿A quién no le va a gustar un simpático robot con cara de gato?
Un buen ejemplo es el testimonio de Yasuko Tagawa, de 71 años, que, como recoge Bloomberg, trabaja veinte horas semanales en un restaurante Gusto en Tokio. “Mi trabajo no es ningún problema cuando trabajo con robots”, explica; “A mi edad me resulta más difícil moverme”. Gracias a sus silenciosos colegas, la mitad de sus tareas las lleva a cabo con ayuda, o directamente relega el trabajo para centrarse en otros quehaceres.

Para el trabajador extranjero también son un gran alivio, sobre todo cuando el empleado todavía no se maneja bien con el idioma japonés. Puesto que la gran mayoría de pedidos se hacen digitalmente, a través de dispositivos móviles o tabletas con una interfaz propia del local, no tiene que lidiar con los típicos problemas de no tomar bien las comandas. Y los camareros robot son los que entregan los pedidos en la mesa, limitando igualmente el contacto directo con los clientes.
Puede parecer un servicio impersonal, pero si el robot tiene cara y orejas de gato, tiene un lenguaje servicial y termina entregándote tu comida con un «¡Miau!», la perspectiva cambia. Todo mejora con gatos.
El famoso grupo de restauración Skylark, con más de dos mil locales abiertos por todo el país, cuenta en su haber ya con unos tres mil robots camarero con diseño felino. La empresa tiene en plantilla actualmente a más de cuatro mil personas mayores de 65 años, casi el doble que en el año 2020. Muchos de sus locales ya funcionan con apenas dos trabajadores humanos, a pesar de que reciben a decenas de clientes al día y suelen estar abarrotados en horas punta. Y van como la seda.

El robot gato que utiliza Skylark es conocido como BellaBot, uno de los más populares en Japón, obra de Proven Robotics, y que también exporta cada vez más a países de todo el mundo. Todos tienen sensores multidimensionales, cuentan en su pantalla con decenas de expresiones faciales, tienen integrado un sistema de interacción multimodal -responden si se tocan- y pueden cargar múltiples platos de comida y bebidas a la vez, aguantando mucho peso.
“BellaBot ofrece a los usuarios una experiencia inigualable con un robot de reparto de comida gracias a su vanguardista lenguaje de diseño biónico, su adorable modelado, su interacción multimodal y muchas otras características únicas”.
Además de útil y eficiente, despierta la curiosidad del cliente, genera simpatía y gusta mucho a los niños y turistas extranjeros, que suelen hacer miles de fotos, selfies y vídeos de los robots gato en plena acción. Y la compañía cuenta con un catálogo disponible de expresiones, gestos y reacciones que aumenta periódicamente, para enriquecer la experiencia y ofrecer algo nuevo que evite la sensación de caer en lo repetitivo y mecánico. La idea es mantener al cliente interesado y emocionado por recibir su comida con un extra de cuquismo.
Un futuro incierto
Pese a que los robots camarero con aspecto gatuno parecen la solución mágica que necesitaba Japón, es pronto para conocer cómo evolucionará el sector a medio y largo plazo. Está claro que los robots de servicios han llegado para quedarse, pero todavía tienen muchas limitaciones, por ejemplo en el ámbito de la cocina o la gestión y resolución de problemas concretos. La crisis demográfica y el envejecimiento de la población sigue siendo un problema que el país asiático debe afrontar, y al que ya se asoman muchos otros también en Europa.
Por otro lado, estos robots exigen una inversión económica considerable que los empresarios más modestos y locales pequeños pueden no ser capaces de asumir, y no es un modelo tan fácilmente exportable a otros países o culturas, donde las relaciones interpersonales son insustituibles por máquinas, sin olvidar las posibles trabas en materia de legislación y seguridad. Además, como los robots aspirador, a veces entran en bucles de choques y obstáculos sin saber salir.

Solo el tiempo dirá si esta invasión robótica felina es un fenómeno de nicho, o si terminará por conquistar el resto del mundo. Eso sí, el robot gato se ha vuelto tan popular que ya se vende en formato miniatura como juguete, peluche y llavero.
Imágenes | BellaBot - MIKI Yoshihito - librarianidol - wodu_robot
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La noticia
Miles de camareros robot con cara de gato están invadiendo los restaurantes japoneses. No quitan empleos a humanos: los salvan
fue publicada originalmente en
Directo al Paladar
por
Liliana Fuchs
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