40 años más tarde, este clasicazo de la ciencia ficción sigue siendo una distopía tan imaginativa como rompedora
Cuando oyó las primeras impresiones del jefazo Universal sobre su nueva película, Terry Gilliam supo que estaba en problemas. "Vamos a tener que vender esto como la película de la década". No lo decía como algo positivo, sino intentando hacer sangre con el hecho de que delante de ellos tenían una película que amenazaba con ser café para los muy cafeteros. Tras el absurdista humor de los Monty Python siempre hubo un componente social, y aun así, 'Brazil' iba más allá. Terry Gilliam no era especialmente sutil con su parodia del Gran Hermano y '1984'. Un programa de televisión dentro de este mundo se llama "In the Eye", y su logo es un gran ojo intimidante. Es un ojo no muy distinto al del robot que observa inquisitivo las quejas ciudadanas en las centralitas administrativas, un recordatorio de que nada de lo que hacen o demandan está exento de la mirada del gobierno. Tal día como hoy hace cuarenta años se estrenaba en España 'Brazil', y nos demostró que era posible cumplir las ambiciones de Gilliam de hacer algo que aunase la crítica y el entretenimiento. La cinta de ciencia ficción es una genialidad que mezcla su tono absurdo habitual con una afinada sátira social. Su distopía tiene elementos totalmente ridículos (como esa obsesión con los conductos) y otros que quedan muy cercanos, como su representación de la burocracia o de una sociedad obsesionada con la belleza y dispuesta a hacer cualquier cosa para retenerla. Como ejemplo queda esa inolvidable escena del protagonista visitando a su madre mientras le estiran la cara. Estrenada 36 años después de la llegada a las estanterías de '1984' , 'Brazil' se siente a ratos una actualización de aquella premisa incluso más relevante para nuestros tiempos. Su espíritu antisistema no solo está presente en los pequeños detalles o en discursos más o menos maniqueos, sino que forma parte del engranaje mismo de la trama y cada chiste que se nos cuenta en ella. No habría argumento si no fuera por un error administrativo dentro de un sistema aparentemente "perfecto". Su protagonista, Sam Lowry, es un funcionario más dentro de este estado totalitario y, de primeras, la persona menos adecuada para ser ningún héroe. Son una serie de confusiones burocráticas las que acaban poniendo a Sam en contra del sistema y, en última instancia, como parte de un grupo de resistencia que planea acabar con el estado. Es aquí donde el toque de Gilliam nos da una película que trasciende el paso del tiempo gracias a sus imágenes. La cinta es una metralleta de ideas ingeniosas por minuto. Está en su rocambolesca construcción de mundo, en su loco vestuario y también en sus oníricas escenas. Mientras rechaza las ambiciones de su mundana vida, Sam sueña frecuentemente con ser un ángel y un héroe en un mundo de fantasía. Su ya complicada sociedad futurista añade influencias de todo tipo, y genera un collage que a menudo desafía los géneros. Gilliam no lo tuvo fácil para dejar aquí su sello. Más allá de la desconfianza de la distribuidora la película tuvo unas primeras proyecciones poco alentadoras, con espectadores que no la entendían del todo, Universal encendiendo las alarmas y el director empezando una guerra abierta con ellos. Su éxito internacional, especialmente en Europa, ayudó a justificar sus filias autorales y le aseguró un montaje final bastante cercano a su visión inicial del proyecto. En Xataka "Probablemente no podamos regresar": el drama de los astronautas varados nueve meses en el espacio, desde dentro Pese a lo marciano de su propuesta, 'Brazil' no es en absoluto una película compleja ni poco disfrutable bajo ningún aspecto. Su estilo hereda profundamente de la comedia Monty Python, con momentos tan divertidos que creerás que estás viendo un sketch de la casa. En última instancia nos invita a disfrutar un relato de rebelión más o menos clásico, aderezado por una trama tan imaginativa como llena de sorpresas, y donde coexisten las opresiones de un régimen totalitario con escenas de peleas con espadas contra un samurai gigante. Ha ayudado a su legado, quizás más que ninguna otra cosa, que 'Brazil' se convirtiese en una cinta querida por la crítica. Desde la prensa del momento se mofaban ante la idea de que una película que tratase de la lucha del individuo contra el sistema tuviese a Gilliam defendiendo con uñas y dientes el espíritu de una película en la que su propio estudio no confiaba mucho. Hoy se trata de una de esas jugadas creativamente arriesgadas que ya nadie cuestiona, y quizás la cima de un Terry Gilliam que desde entonces no ha conseguido del todo acercarse a esa chispa. En Espinof | Esta joya de la ciencia ficción sigue siendo relevante una década más tarde. Un thriller sobre inteligencia artificial con mordida y un guion de diez En Espinof | Las 16 mejores películas de ci

Cuando oyó las primeras impresiones del jefazo Universal sobre su nueva película, Terry Gilliam supo que estaba en problemas. "Vamos a tener que vender esto como la película de la década". No lo decía como algo positivo, sino intentando hacer sangre con el hecho de que delante de ellos tenían una película que amenazaba con ser café para los muy cafeteros.
Tras el absurdista humor de los Monty Python siempre hubo un componente social, y aun así, 'Brazil' iba más allá. Terry Gilliam no era especialmente sutil con su parodia del Gran Hermano y '1984'. Un programa de televisión dentro de este mundo se llama "In the Eye", y su logo es un gran ojo intimidante. Es un ojo no muy distinto al del robot que observa inquisitivo las quejas ciudadanas en las centralitas administrativas, un recordatorio de que nada de lo que hacen o demandan está exento de la mirada del gobierno.

Tal día como hoy hace cuarenta años se estrenaba en España 'Brazil', y nos demostró que era posible cumplir las ambiciones de Gilliam de hacer algo que aunase la crítica y el entretenimiento. La cinta de ciencia ficción es una genialidad que mezcla su tono absurdo habitual con una afinada sátira social. Su distopía tiene elementos totalmente ridículos (como esa obsesión con los conductos) y otros que quedan muy cercanos, como su representación de la burocracia o de una sociedad obsesionada con la belleza y dispuesta a hacer cualquier cosa para retenerla. Como ejemplo queda esa inolvidable escena del protagonista visitando a su madre mientras le estiran la cara.
Estrenada 36 años después de la llegada a las estanterías de '1984' , 'Brazil' se siente a ratos una actualización de aquella premisa incluso más relevante para nuestros tiempos. Su espíritu antisistema no solo está presente en los pequeños detalles o en discursos más o menos maniqueos, sino que forma parte del engranaje mismo de la trama y cada chiste que se nos cuenta en ella. No habría argumento si no fuera por un error administrativo dentro de un sistema aparentemente "perfecto". Su protagonista, Sam Lowry, es un funcionario más dentro de este estado totalitario y, de primeras, la persona menos adecuada para ser ningún héroe. Son una serie de confusiones burocráticas las que acaban poniendo a Sam en contra del sistema y, en última instancia, como parte de un grupo de resistencia que planea acabar con el estado.

Es aquí donde el toque de Gilliam nos da una película que trasciende el paso del tiempo gracias a sus imágenes. La cinta es una metralleta de ideas ingeniosas por minuto. Está en su rocambolesca construcción de mundo, en su loco vestuario y también en sus oníricas escenas. Mientras rechaza las ambiciones de su mundana vida, Sam sueña frecuentemente con ser un ángel y un héroe en un mundo de fantasía. Su ya complicada sociedad futurista añade influencias de todo tipo, y genera un collage que a menudo desafía los géneros.
Gilliam no lo tuvo fácil para dejar aquí su sello. Más allá de la desconfianza de la distribuidora la película tuvo unas primeras proyecciones poco alentadoras, con espectadores que no la entendían del todo, Universal encendiendo las alarmas y el director empezando una guerra abierta con ellos. Su éxito internacional, especialmente en Europa, ayudó a justificar sus filias autorales y le aseguró un montaje final bastante cercano a su visión inicial del proyecto.
Pese a lo marciano de su propuesta, 'Brazil' no es en absoluto una película compleja ni poco disfrutable bajo ningún aspecto. Su estilo hereda profundamente de la comedia Monty Python, con momentos tan divertidos que creerás que estás viendo un sketch de la casa. En última instancia nos invita a disfrutar un relato de rebelión más o menos clásico, aderezado por una trama tan imaginativa como llena de sorpresas, y donde coexisten las opresiones de un régimen totalitario con escenas de peleas con espadas contra un samurai gigante.

Ha ayudado a su legado, quizás más que ninguna otra cosa, que 'Brazil' se convirtiese en una cinta querida por la crítica. Desde la prensa del momento se mofaban ante la idea de que una película que tratase de la lucha del individuo contra el sistema tuviese a Gilliam defendiendo con uñas y dientes el espíritu de una película en la que su propio estudio no confiaba mucho. Hoy se trata de una de esas jugadas creativamente arriesgadas que ya nadie cuestiona, y quizás la cima de un Terry Gilliam que desde entonces no ha conseguido del todo acercarse a esa chispa.
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40 años más tarde, este clasicazo de la ciencia ficción sigue siendo una distopía tan imaginativa como rompedora
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por
Miguel Solo
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