Dos paracaídas y revisión del material: cómo trabajan los especialistas de cine para que un accidente sea casi imposible
Antes de cada salto, estos actores llevan a cabo rigurosos protocolos de seguridad para reducir al mínimo cualquier posibilidad de fallo y garantizar que cada escena de acción se realice con el menor riesgo posibleMiriam Garlo, la revelación de ‘Sorda’: “Cuando aprendí lengua de signos a los 30 años comenzó mi segunda vida” Cada salto, cada persecución y cada caída espectacular de una película tienen algo en común: la valentía y el talento de los especialistas de cine. Son ellos quienes, con años de entrenamiento y preparación, convierten lo imposible en realidad, creando escenas de acción impresionantes para ver en la gran pantalla. Pero, incluso con todas las medidas de seguridad, el riesgo nunca desaparece del todo. Esta semana, ha perdido la vida el paracaidista Carlos Suárez, mientras rodaba una escena para la película La fiera. Dirigida por Salvador Calvo, cineasta ganador de un Goya por Adú, la película cuenta la historia de cuatro amigos aficionados al salto BASE. De estos cuatro, tres habían muerto saltando. La película era un homenaje a ellos. Suárez había dejado de saltar profesionalmente pero volvió a hacerlo para rendir tributo a sus amigos participando en este filme. Trágicamente, este deportista falleció durante una toma, al no abrirse su paracaídas. Suárez llevaba un traje de alas, no abrió su paracaídas principal y, el de emergencia, que se abre automáticamente al llegar a una altura determinada, inexplicablemente tampoco se abrió. Las probabilidades son muy pequeñas, pero puede ocurrir, como explican en la revista especializada Desnivel. Los expertos consultados para este artículo aclaran que Suárez no estaba ejerciendo como lo que formalmente se entiende como actor especialista cinematográfico, doble de riesgo o stunt, por su palabra en inglés, sino haciendo “un trabajo como paracaidista”. No obstante, esta tragedia ha suscitado muchas preguntas sobre el trabajo de estos profesionales en los rodajes y las medidas de seguridad que se toman para evitar los accidentes. Una persona realiza un salto base Entre las muchas disciplinas que dominan los especialistas, el paracaidismo es una de las más exigentes: cada salto requiere precisión, control absoluto del cuerpo y un margen de error prácticamente nulo. “Hay plegadores de paracaídas que comprueban perfectamente que no haya ningún problema. Además, llevan dos paracaídas: si el primero falla, tienen un segundo. Pero cuando ocurre algo inesperado a nivel climatológico, ni el hombre del tiempo ni las estadísticas pueden predecirlo con exactitud”, explica Txetxu Rojo, coordinador de acción y actor que dirige el equipo de especialistas de cine Rojo Stunt Team. El protocolo de seguridad estándar pasa por el coordinador de acción, que es quien recibe el guion y analiza la escena: “Los especialistas no tienen por qué saber las medidas de seguridad de todos ellos. Para eso están los jefes de especialistas, que son los que saben de resistencia, de materiales, de edificios y de cuerdas”. Txetxu Rojo, conocido como 'la Antorcha Humana', indica que esa persona es la que desglosa todas las medidas imprescindibles, encargándose también de pedir una ambulancia si lo considera necesario y de solicitar material como colchonetas u otro tipo de protecciones. La seguridad es tal que Ángel Plana, director de la Escuela de Especialistas Ángel Plana, aclara a este periódico que, en el caso del paracaidismo, “todos los sistemas se revisan todas y cada una de las veces que [el actor] salta”. Esto se hace para comprobar que “no se haya estropeado [el paracaídas] en el salto anterior o que, al recogerlo, no se haya manchado o haya cogido tierra”. El especialista alega que “hay un protocolo muy estricto para volver a saltar con él”, algo de lo que se suele asegurar “el propio paracaidista”. “Se revisa, se pliega, se comprueban las islas y los cordones... El plegado se mete en la bolsa del paracaídas y se

Antes de cada salto, estos actores llevan a cabo rigurosos protocolos de seguridad para reducir al mínimo cualquier posibilidad de fallo y garantizar que cada escena de acción se realice con el menor riesgo posible
Miriam Garlo, la revelación de ‘Sorda’: “Cuando aprendí lengua de signos a los 30 años comenzó mi segunda vida”
Cada salto, cada persecución y cada caída espectacular de una película tienen algo en común: la valentía y el talento de los especialistas de cine. Son ellos quienes, con años de entrenamiento y preparación, convierten lo imposible en realidad, creando escenas de acción impresionantes para ver en la gran pantalla. Pero, incluso con todas las medidas de seguridad, el riesgo nunca desaparece del todo. Esta semana, ha perdido la vida el paracaidista Carlos Suárez, mientras rodaba una escena para la película La fiera.
Dirigida por Salvador Calvo, cineasta ganador de un Goya por Adú, la película cuenta la historia de cuatro amigos aficionados al salto BASE. De estos cuatro, tres habían muerto saltando. La película era un homenaje a ellos. Suárez había dejado de saltar profesionalmente pero volvió a hacerlo para rendir tributo a sus amigos participando en este filme. Trágicamente, este deportista falleció durante una toma, al no abrirse su paracaídas. Suárez llevaba un traje de alas, no abrió su paracaídas principal y, el de emergencia, que se abre automáticamente al llegar a una altura determinada, inexplicablemente tampoco se abrió. Las probabilidades son muy pequeñas, pero puede ocurrir, como explican en la revista especializada Desnivel.
Los expertos consultados para este artículo aclaran que Suárez no estaba ejerciendo como lo que formalmente se entiende como actor especialista cinematográfico, doble de riesgo o stunt, por su palabra en inglés, sino haciendo “un trabajo como paracaidista”. No obstante, esta tragedia ha suscitado muchas preguntas sobre el trabajo de estos profesionales en los rodajes y las medidas de seguridad que se toman para evitar los accidentes.
Entre las muchas disciplinas que dominan los especialistas, el paracaidismo es una de las más exigentes: cada salto requiere precisión, control absoluto del cuerpo y un margen de error prácticamente nulo. “Hay plegadores de paracaídas que comprueban perfectamente que no haya ningún problema. Además, llevan dos paracaídas: si el primero falla, tienen un segundo. Pero cuando ocurre algo inesperado a nivel climatológico, ni el hombre del tiempo ni las estadísticas pueden predecirlo con exactitud”, explica Txetxu Rojo, coordinador de acción y actor que dirige el equipo de especialistas de cine Rojo Stunt Team.
El protocolo de seguridad estándar pasa por el coordinador de acción, que es quien recibe el guion y analiza la escena: “Los especialistas no tienen por qué saber las medidas de seguridad de todos ellos. Para eso están los jefes de especialistas, que son los que saben de resistencia, de materiales, de edificios y de cuerdas”. Txetxu Rojo, conocido como 'la Antorcha Humana', indica que esa persona es la que desglosa todas las medidas imprescindibles, encargándose también de pedir una ambulancia si lo considera necesario y de solicitar material como colchonetas u otro tipo de protecciones.
La seguridad es tal que Ángel Plana, director de la Escuela de Especialistas Ángel Plana, aclara a este periódico que, en el caso del paracaidismo, “todos los sistemas se revisan todas y cada una de las veces que [el actor] salta”. Esto se hace para comprobar que “no se haya estropeado [el paracaídas] en el salto anterior o que, al recogerlo, no se haya manchado o haya cogido tierra”. El especialista alega que “hay un protocolo muy estricto para volver a saltar con él”, algo de lo que se suele asegurar “el propio paracaidista”. “Se revisa, se pliega, se comprueban las islas y los cordones... El plegado se mete en la bolsa del paracaídas y se ve que funciona bien el sistema de apertura”, añade. Toda prevención de riesgos queda recogida en un manual al que ha tenido acceso elDiario.es.
Plana aclara que, en saltos base de baja altura, no se lleva un paracaídas de emergencia porque “no hay suficiente altura para abrirlo”, y manifiesta que los paracaídas principales son casi 100% fiables y que se retiran cuando alcanzan un cierto número de saltos: “Cuando llegan a cierto número de saltos, los tienes que retirar y cogerte otro, porque estás entrando en el momento en el que el paracaídas te puede fallar por estadísticas”.
Sin embargo, a veces ni siquiera las precauciones previas son suficientes. Txetxu Rojo indica que hay cosas “inevitables de controlar”, como las “ráfagas de viento”. “Por eso lo hacemos los especialistas, porque siempre hay algo de peligro que evidentemente no puedes controlar, si no directamente lo harían todos los actores”, cuenta, añadiendo que en ocasiones “da igual la pericia”.
Para prepararse para escenas como la comentada, el especialista comenta que se necesitan “nueve meses de entrenamiento”, y que “siempre” revisan “los datos meteorológicos” e intentan “evitar los días con condiciones adversas”. “En el paracaidismo, evidentemente, influyen tanto la formación del paracaidista como la escena en sí. No obstante, una vez que saltas del avión, las condiciones climáticas pueden ser variables”, dice Rojo.
En cuanto al aprendizaje del paracaidismo, Ángel Plana explica que en su escuela ofrecen una primera toma de contacto en el “túnel de viento”. Se trata de una estructura cilíndrica de entre cuatro y siete metros de diámetro y unos 17 metros de altura, con una red metálica en el suelo. “Debajo de la red metálica hay un ventilador que te echa aire a chorro con tanta potencia que te hace flotar”, detalla Plana, quien dice que esta técnica permite simular la sensación de caída libre sin necesidad de saltar de un avión. Aprender a estabilizarse en el aire con saltos reales requiere mucho tiempo y dinero, pues “cada vez que saltas de un avión, el tiempo que tienes para estabilizarte es menos de un minuto antes de que tengas que abrir el paracaídas”. En cambio, en el túnel de viento, la práctica es continua y segura: “Disparan el chorro de aire y estás a dos metros o a un metro y medio del suelo”.
Plana también menciona que el túnel de viento es una disciplina deportiva en sí misma, donde los practicantes pueden realizar acrobacias y figuras. “Es una manera de aprender a manejar el cuerpo en unas situaciones que no son normales para la mente”, señala, agregando que cualquier movimiento con una mano o una pierna puede provocar una rotación o un giro inesperado. “Todos los deportes, al fin y al cabo, están conectados con el suelo. O corres o saltas o esquías o vas en moto o nadas o lo que sea. Pero ahí estás flotando en el aire”, resalta, expresando que “la mente tiene que hacer una serie de conexiones”.
Tanto Ángel Plana como Tetxu Rojo coinciden en que “no es normal” que ocurran incidentes durante la grabación de estas escenas, siendo algo “no muy frecuente”. Sin embargo, Ángel Plana confiesa que “es más frecuente que en otro tipo de deportes”. En el paracaidismo en concreto, aunque haya “pocos accidentes”, los pocos que hay “suelen ser mortales”, añade. El especialista comenta que en otras disciplinas como el motocrós o el esquí, pese a que también hagan frente a muchas amenazas, no se suele perder la vida “en una caída de moto o esquiando”; no obstante, los accidentes de saltos al vacío sí que son “casi siempre” mortales.
Tetxu Rojo alega que los citados coordinadores velan “por la seguridad de todo el equipo”: “Los especialistas coordinadores de acción miramos por la seguridad de todo lo que implique personas trabajando en riesgo, no solo de los especialistas. Si, por ejemplo, un cámara tiene que grabar desde un tejado, los especialistas le tienen que poner un arnés, montar los anclajes y mirar por su seguridad”. Y solicita que, “poco a poco”, se intente “concienciar a la industria” de que su trabajo es “muy, muy importante”, empezando por “tener una categoría dentro de la industria del cine en España”.
Tanto Mod Producciones como Atresmedia, las productoras tras La fiera, han recalcado en su comunicado que las maniobras se estaban llevando a cabo bajo las estrictas medidas de seguridad que “obliga este tipo de actividad” y han recalcado que Carlos Suárez era un “gran experto en escalada, paracaidismo y salto BASE”. Todo esto, no ha evitado que “se haya producido un fatídico accidente”.
En el mundo de los especialistas de cine, el peligro, aunque sea mínimo, siempre va a estar presente. Un accidente, donde no ha habido negligencias, es una combinación de múltiples factores que en la mayoría de las veces se escapan al control humano. Como recalca Tetxu Rojo, “no se puede culpar a nadie nunca de un accidente”. En un salto, cualquier racha de viento inesperada puede cambiarlo todo en cuestión de segundos y, en estos casos es fundamental entender lo ocurrido y seguir perfeccionando las medidas de seguridad para que el cine de acción continúe desafiando los límites de la realidad sin poner en riesgo vidas.