Leiva : «En la música la salud mental está adquiriendo nombre de negocio»
En 2013 se vino abajo. Perdió la ilusión por todo, hasta dejó de comer. Pero entonces Leiva convirtió aquel annus horribilis en el punto de partida de una travesía de exploración por las profundidades de su psique que nos ha ido relatando canción a canción, disco a disco. Hasta ahora lo hacía poco a poco, a pico y pala, pero en 'Gigante' da la sensación de haberse puesto a los mandos de una tuneladora. Tanto excavar, tanto excavar, ¿no hay riesgo de despertar al Balrog? Sí, sí (risas). No ha sido premeditado, pero sí siento que las letras tienen un punto explícito... el más grande de mi carrera. El paso del tiempo yo nunca lo había padecido, pero en los dos últimos años ya me ha entrado esa cosa de «hostia, me estoy haciendo mayor». Y por circunstancias, un problema que he tenido en la voz y tal, he tenido un compromiso extras con los textos, teniendo un grado de honestidad con lo que escribo, que nunca lo había tenido antes. Para bien y para mal, en favor de la canción, en detrimento de mi privacidad. Pero siento que hay dos maneras de exponerse: unos lo hacen con las publicaciones en redes sociales, yo lo hago con las canciones. Y a través de ellas se me puede conocer más que si me expusiera constantemente en las redes. En este disco hay un grado de carne mayor de lo normal. A veces me pregunto si, además de pudor por mostrar su alma, los artistas sienten dudas sobre si la están convirtiendo en un producto, en mercancía. Sí, eso a mí se me pasa por la cabeza. Pero cuando estoy en un proceso creativo, encerrado en mi habitación, ahí no entran ni la autocensura ni la estrategia. Para bien, y para mal. En mi caso, no hay una estrategia de querer transformar unas emociones duras en canción y toda esa mierda, que me aburre de cojones. De hecho creo que en ese sentido el tema de la salud mental está adquiriendo un nombre de negocio, y eso a mí me aburre mucho. Se utiliza de una forma muy liviana y se ha manoseado mucho. En mi caso intento que no suceda, y si sucede no me doy cuenta porque ocurre de una forma muy poco ordenada y muy visceral. No me gustaría que me sucediera, porque no me gusta que se banalicen cosas tan importantes, pero no me voy a censurar por eso. Entiendo perfectamente tu pregunta porque ese riesgo me preocupa, porque lo veo en otros contextos, veo que ya se habla de ello como si fuera una gripe. A veces parece que se esté produciendo algo de esa banalización entre artistas jóvenes. Sí, sí. Ahí no me atrevo a juzgar, pero cuando las pasas putas, putas de verdad, cuando le ves las orejas al lobo, sí que te sientes con el derecho a hablar de ello. Yo en un momento de mi vida las pasé tan putas que creo que hablo de ello con cierto grado de conocimiento. Aunque no me acerque ni de lejos a la gente a la que le han silbado las balas. En cualquier caso, la cosa de la salud mental no anda muy bien en general. Mira, la canción 'Caída libre' que he hecho con Robe para este disco ha tenido unos números récord en mi carrera, por delante de cualquier hit que haya hecho. Y no es porque sea mejor canción, ni porque esté Robe Iniesta. Tiene que ver con que habla de una depresión, y la gente sabe de qué va eso. Por eso ha llegado donde otras canciones no han llegado. En la canción que da título al disco habla de un «temblor gigante». ¿Una forma poética de describir un ataque de pánico? Exactamente. Es que tal cual lo has dicho es como lo tenía escrito en mi libro de notas para las letras del disco. Fue una de las mejores maneras que he encontrado de describir lo que me pasaba. Porque se te mueve el suelo, literal. Se me dormía la lengua. Ahí el cerebro te hace unas cosas raras muy fuertes, y cuando eso se cuela de una forma muy profunda en tu día a día, te complica la vida mucho más de lo que parece. Muchísimo más. ¿Cree que sirve de consuelo ver que también le pasan estas cosas a alguien a quien tienes idealizado? Esa es la misión de un músico, en el fondo. Yo decepcionaría mucho, mi vida decepcionaría mucho a mis fans, porque dirían «pero coño si este es igual que yo, tiene las mismas miserias». Lo que pasa es que los privilegios que tenemos los que subimos a un escenario delante de gente que compra entradas para vernos, parece que nos eximen de tener complejos, mierdas. Pero muchas veces, lo que pasa es que esos privilegios te los multiplican. En 'Leivinha' dice: «Me muero por tener las sensaciones de antes». Esa caída a los infierno supongo que le arrebató lo más importante para un artista en esta industria, la ilusión. La perdí por completo, y por todo. No comía. Todo tiene un lado bueno y un lado malo. Conforme las cosas agarran una dimensión grande, hay una clara pérdida de espontaneidad, y conforme la responsabilidad aprieta, la diversión disminuye. El que diga lo contrario, miente. Cuando tocaba en Siroco no tenía ni un pavo y la vida era más difícil, pero la inconsciencia y el disfrute eran mayores. Ahora, tengo que buscarme la vida y hacer triquiñuelas para resilusionarme constantemente y encontr
En 2013 se vino abajo. Perdió la ilusión por todo, hasta dejó de comer. Pero entonces Leiva convirtió aquel annus horribilis en el punto de partida de una travesía de exploración por las profundidades de su psique que nos ha ido relatando canción a canción, disco a disco. Hasta ahora lo hacía poco a poco, a pico y pala, pero en 'Gigante' da la sensación de haberse puesto a los mandos de una tuneladora. Tanto excavar, tanto excavar, ¿no hay riesgo de despertar al Balrog? Sí, sí (risas). No ha sido premeditado, pero sí siento que las letras tienen un punto explícito... el más grande de mi carrera. El paso del tiempo yo nunca lo había padecido, pero en los dos últimos años ya me ha entrado esa cosa de «hostia, me estoy haciendo mayor». Y por circunstancias, un problema que he tenido en la voz y tal, he tenido un compromiso extras con los textos, teniendo un grado de honestidad con lo que escribo, que nunca lo había tenido antes. Para bien y para mal, en favor de la canción, en detrimento de mi privacidad. Pero siento que hay dos maneras de exponerse: unos lo hacen con las publicaciones en redes sociales, yo lo hago con las canciones. Y a través de ellas se me puede conocer más que si me expusiera constantemente en las redes. En este disco hay un grado de carne mayor de lo normal. A veces me pregunto si, además de pudor por mostrar su alma, los artistas sienten dudas sobre si la están convirtiendo en un producto, en mercancía. Sí, eso a mí se me pasa por la cabeza. Pero cuando estoy en un proceso creativo, encerrado en mi habitación, ahí no entran ni la autocensura ni la estrategia. Para bien, y para mal. En mi caso, no hay una estrategia de querer transformar unas emociones duras en canción y toda esa mierda, que me aburre de cojones. De hecho creo que en ese sentido el tema de la salud mental está adquiriendo un nombre de negocio, y eso a mí me aburre mucho. Se utiliza de una forma muy liviana y se ha manoseado mucho. En mi caso intento que no suceda, y si sucede no me doy cuenta porque ocurre de una forma muy poco ordenada y muy visceral. No me gustaría que me sucediera, porque no me gusta que se banalicen cosas tan importantes, pero no me voy a censurar por eso. Entiendo perfectamente tu pregunta porque ese riesgo me preocupa, porque lo veo en otros contextos, veo que ya se habla de ello como si fuera una gripe. A veces parece que se esté produciendo algo de esa banalización entre artistas jóvenes. Sí, sí. Ahí no me atrevo a juzgar, pero cuando las pasas putas, putas de verdad, cuando le ves las orejas al lobo, sí que te sientes con el derecho a hablar de ello. Yo en un momento de mi vida las pasé tan putas que creo que hablo de ello con cierto grado de conocimiento. Aunque no me acerque ni de lejos a la gente a la que le han silbado las balas. En cualquier caso, la cosa de la salud mental no anda muy bien en general. Mira, la canción 'Caída libre' que he hecho con Robe para este disco ha tenido unos números récord en mi carrera, por delante de cualquier hit que haya hecho. Y no es porque sea mejor canción, ni porque esté Robe Iniesta. Tiene que ver con que habla de una depresión, y la gente sabe de qué va eso. Por eso ha llegado donde otras canciones no han llegado. En la canción que da título al disco habla de un «temblor gigante». ¿Una forma poética de describir un ataque de pánico? Exactamente. Es que tal cual lo has dicho es como lo tenía escrito en mi libro de notas para las letras del disco. Fue una de las mejores maneras que he encontrado de describir lo que me pasaba. Porque se te mueve el suelo, literal. Se me dormía la lengua. Ahí el cerebro te hace unas cosas raras muy fuertes, y cuando eso se cuela de una forma muy profunda en tu día a día, te complica la vida mucho más de lo que parece. Muchísimo más. ¿Cree que sirve de consuelo ver que también le pasan estas cosas a alguien a quien tienes idealizado? Esa es la misión de un músico, en el fondo. Yo decepcionaría mucho, mi vida decepcionaría mucho a mis fans, porque dirían «pero coño si este es igual que yo, tiene las mismas miserias». Lo que pasa es que los privilegios que tenemos los que subimos a un escenario delante de gente que compra entradas para vernos, parece que nos eximen de tener complejos, mierdas. Pero muchas veces, lo que pasa es que esos privilegios te los multiplican. En 'Leivinha' dice: «Me muero por tener las sensaciones de antes». Esa caída a los infierno supongo que le arrebató lo más importante para un artista en esta industria, la ilusión. La perdí por completo, y por todo. No comía. Todo tiene un lado bueno y un lado malo. Conforme las cosas agarran una dimensión grande, hay una clara pérdida de espontaneidad, y conforme la responsabilidad aprieta, la diversión disminuye. El que diga lo contrario, miente. Cuando tocaba en Siroco no tenía ni un pavo y la vida era más difícil, pero la inconsciencia y el disfrute eran mayores. Ahora, tengo que buscarme la vida y hacer triquiñuelas para resilusionarme constantemente y encontrar la manera de que esto no se convierta en un curro, porque si hice esto fue para no estar en una oficina. Por eso, cuando me preguntan por qué me he ido a un desierto en Tejas a grabar este disco en cinta analógica en el estudio de un viejo hippie, respondo que por eso, por ilusión. Persigo un sonido, por supuesto, pero sobre todo persigo la ilusión. Allí he grabado la mayor parte de las canciones con una Telecaster de Stevie Ray Vaughan, con un ampli Gibson que el hippie le compró a Keith Richards, me dejó probar una Les Paul que fue de Jimmy Page... Para alguien como yo, todo eso es una descarga de ilusión de la hostia que me hace volver a creer en todo esto. Allí estuvo grabando antes de la nueva victoria de Trump, imagino. Sí, unos meses antes. Yo iba todas las mañanas salía a correr y llegaba hasta el muro que hace frontera con Ciudad Juárez. Y en El Paso, ya se percibía que la clase obrera trabajadora estaba siendo súper permeable al discurso de Trump. Se notaba que iba a ganar porque le votaban las clases trabajadoras. La victoria de Trump la veo como algo realmente peligroso, es un tipo peligroso. Estoy seguro de que dentro de unos años recordaremos esos años en los que gobernó y fliparemos con que fuese el presidente de los Estados Unidos. Cuando le vi con Zelenski dije, «este tío es muy peligroso». Sé que hay un montón de artistas que se han ido de Estados Unidos, y es que lo que está pasando es que Trump va a poner todos los obstáculos que pueda al progreso. En una entrevista reciente comentaba que le molesta que a los músicos se les exija hacer crítica social en sus letras. Cuando alguien intenta arrinconar a un artista para que use su altavoz, no me gusta. Entiendo que un artista lo use, y me produce una admiración y un respeto muy profundo, pero cada uno hace con su altavoz lo que buenamente pueda, y quiera. Por eso, cuando me preguntan dónde está la política en mis canciones, respondo «donde yo quiera». Por cierto, ¿qué problema de voz es ese que ha mencionado antes? Es un problema en una cuerda vocal que se ha ido acrecentando de forma inesperada, y que me está complicando mucho las cosas. ¿Pero hay tratamiento? Bueno, estamos en ello, estamos en ello. Antes de que el público dicte sentencia, ¿qué canciones del disco cree que gustarán más, que perdurarán? Sería de justicia que una de ellas fuera 'El polvo de los días raros'. Esa sería una de las que me gustaría, desde luego. Pero no sabría decirte, porque soy malísimo para adivinar esas cosas. De hecho, me pasa muchas veces que suelo estar a punto de dejar fuera de los discos las canciones que luego triunfan más. ¿'Gigante' fue quizá una especie de 'canción locomotora', que tiró de las demás? Súper bien visto eso, me gusta la definición. Así, es, es como si hubiera una compuerta conteniendo el agua en la cima de una montaña, y al abrirla corriese el agua. En concreto, el texto de 'Gigante', esa colección de imágenes, me dieron la confianza de poder apostar por un camino de textos un poquito diferentes. Esa canción fue un poco la que me dio el empujoncito para tener un compromiso mayor con los textos. Sobre Roberto Iniesta, me gustaría preguntarle qué época de su obra le gusta más. El impacto que tuvieron 'Dónde están mis amigos' y 'Deltoya' en mí y en mi grupo de amigos es incalculable. Lo que pasa es que el cabrón es como los buenos vinos, lo último que está haciendo es de una categoría enorme, y eso no es lo normal. Su carrera es brillante, porque al principio tenía un espíritu punk poético brutal, y lo que tiene hoy es una carga emocional muy fuerte, muy bien explicada, brillante. Pero si tengo que elegir, elegiría 'Dónde están mis amigos'. ¿Cree que Robe representa el rock español mejor que nadie? De los que mejor lo representan, desde luego. Lo que pasa es que yo tengo una pasión muy fuerte con Leño. Yo soy de Madrid, y para mí representaba todo. Si tuviera que elegir a la persona que mejor representa el discurso del rock y sus valores, elegiría a Rosendo con mucha diferencia con el segundo. Por las decisiones que ha tomado, por cómo se ha retirado. Es la bandera de lo que todos hemos querido ser, ha sido honesto siempre, y para mí no hay nadie que se le parezca. ¿Le gustaría sacarle un momentito de su retiro para hacer otra colaboración? No, no, porque estamos hablando de un tipo con unos principios muy grandes y no le veo dando un volantazo para volver. Tiene una mirada tan limpia que me produce una emoción increíble, ese señor. Hace unos cuantos años usted me recomendó a Carmen Boza, una cantautora que ahora ha decidido retirarse porque no puede soportar «tener que ser influencer y creadora de contenido», además de música. Cuando vi la noticia pensé que era muy coherente con cómo es ella. Ha hecho las cosas cuando ha querido y como ha querido. Pero evidentemente, me entristeció mucho. Hay una serie de certezas que llegan avaladas por la industria, según las cuales si no estás en redes, desapareces. Y es todo lo contrario a mi concepción de lo que es ser artista. Si entras en ese juego es muy fácil que entres en una rueda que te haga irte a la mierda, porque es imposible competir con contenido, es imposible competir con inmediatez, al entrar en esa rueda estás condenado a que te aplaste el algoritmo echando hostias. Por eso siento que hoy más que nunca hay que apostar por caminos en los que tú crees, más allá de lo que te digan. Pero si la industria se ha cargado a Carmen Boza significa que estamos jodidos. Si la industria ha escupido a Carmen significa que estamos desquiciados. Para mí era mira un valor de la hostia Carmen, lo sigue siendo. En la canción 'Barrio' hace un homenaje a sus orígenes en la Alameda de Osuna. ¿Qué se cuece allí musicalmente? Hay algunas bandas de rock jóvenes muy buenas. Tengo entendido que sigue habiendo una pulsión rockera importante en el barrio, cosa que me gusta mucho saber. ¿Cómo será la gira de 'Gigante'? Estoy preparando la puesta en escena con unos franceses que han trabajado con los Strokes, Tame Impala o Phoenix, y estamos elaborando una escenografía muy simple pero muy elegante. Voy a hacer pocos shows, en España serán treinta. Tengo la sensación de que en la escena de recintos grandes en la que yo me muevo, si agendas más conciertos los terminas haciendo en sitios que no están bien preparados. Vengo de hacer cien shows por gira, pero en España me sobran sesenta. Lo digo desde el privilegio de poder decidir hacerlo así, pero es que en este país no se pueden dar ochenta conciertos grandes. .
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