«El arte puede ser un martillo que moldea la realidad»

Lo conocimos en el edificio de ‘Rec’ y ahora nos encontramos con él en otro lugar que es al mismo tiempo común y extraordinario: la biblioteca del Basque Culinary Center. Paco Plaza (Valencia, 1973), uno de los cineastas españoles más reconocidos en el género del terror, interviene en las jornadas gastronómicas Diálogos de Cocina con una charla sobre qué es el verdadero terror, que según él tiene que ver con «las cosas que no sabemos delimitar con los sentidos», y sobre cómo sentir miedo puede llegar a ser todo un placer. Minutos antes de su intervención, conversamos con él a […] La entrada «El arte puede ser un martillo que moldea la realidad» se publicó primero en Ethic.

Apr 2, 2025 - 11:35
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«El arte puede ser un martillo que moldea la realidad»

Lo conocimos en el edificio de ‘Rec’ y ahora nos encontramos con él en otro lugar que es al mismo tiempo común y extraordinario: la biblioteca del Basque Culinary Center. Paco Plaza (Valencia, 1973), uno de los cineastas españoles más reconocidos en el género del terror, interviene en las jornadas gastronómicas Diálogos de Cocina con una charla sobre qué es el verdadero terror, que según él tiene que ver con «las cosas que no sabemos delimitar con los sentidos», y sobre cómo sentir miedo puede llegar a ser todo un placer. Minutos antes de su intervención, conversamos con él a propósito de dedicarse profesionalmente al miedo, qué puede hacer el cine de terror por nosotros, y cómo fue rodar su último documental, ‘Mugaritz, sin pan ni postre’.


¿Cómo llega uno a dedicarse profesionalmente al miedo?

Primero por afición, por ser espectador de cine y especialmente de cine de terror. Desde pequeño es el género que más me ha gustado y en el que me he sentido más cómodo como espectador. Es verdad que cuando llegué a la escuela de cine tuve un arrebato de intentar hacer las cosas que pensaba que tenía que hacer, pero en segundo curso ya hice una práctica con vampiros y sangre y me di cuenta de que, si lo que me hacía disfrutar como espectador era eso, tenía que intentar ser feliz rodándolo también. Así que primero fue por amor al género y luego por tener la sensación de estar en casa mientras cuento ese tipo de historias.

«Más que a lo diferente, creo que tenemos miedo a lo que no comprendemos»

El miedo a lo diferente está en la raíz de muchos de los problemas actuales: racismo, sexismo, xenofobia… ¿Qué podemos aportar desde el arte, y qué crees tú que puedes aportar desde tus películas, contra todas estas fobias?

Yo creo que no es estrictamente mi función. Necesito que la gente siga teniendo miedo para seguir jugando con ello [risas]. Aunque estoy de acuerdo contigo, más que a lo diferente creo que tenemos miedo a lo que no comprendemos, a lo que se escapa de nuestros esquemas mentales, a lo que implica sentir que perdemos el control y que nos adentramos en arenas movedizas. Yo no sé si el cine o el arte puede ayudar a calmar nuestros miedos, a redefinirlos o a hacernos convivir con ellos de manera más sana, pero sí nos proporciona una red de seguridad de para experimentarlos sin riesgo, con ese pacto de no agresión que establecemos con las ficciones. Yo voy a creer que lo que me estás explicando es real para sentirlo y para que me provoque las emociones que necesito, pero sé que cuando se enciendan las luces y salga a la calle voy a estar en territorio conocido.

Esos miedos y esas fobias se rigen por una serie de reglas, y hay personas que las manejan tanto en la ficción como en la vida real. ¿Qué responsabilidad tienen quienes manejan esas reglas?

Todos somos responsables de lo que lanzamos al mundo. En mi caso, siempre he pensado que hay películas que hacen del mundo un lugar peor, otras que hacen del mundo un lugar peor y otras que lo dejan como estaba. Yo aspiro a por lo menos dejarlo como estaba [risas], no contribuir a estropearlo más.  No hay imágenes inocentes. Para mí eso siempre ha sido un lema: todas las decisiones que uno toma en lo que representa, en las personas que intervienen en los roles a cualquier nivel, desde el nivel de género al nivel racial, y todas las decisiones que tomas al hacer una película tienen una implicación política. Sobre todo, pienso que hay que ser consciente de esa falta de inocencia de lo que tú pones en pantalla. Nada es aleatorio: como dice Enrique Urbizu, nuestro trabajo como directores es disminuir el azar a la mínima expresión. Para mí todos los elementos que concurren en una imagen, queramos o no, están transmitiendo un mensaje, y esa es la responsabilidad que yo siento. Por ejemplo, cuando decido que en La abuela la directora del hospital sea una mujer negra cubana o cuando en A hierro mata, una peli que hice en el hospital, la doctora al cargo sea una mujer chilena, una mujer latina. Son pequeñas decisiones que no sé si contribuyen a algo pero, por lo menos, hacen que seamos conscientes de que no son aleatorias. De alguna forma es falso decir que el arte es un espejo de la realidad. El arte, creo, puede ser un martillo que moldea la realidad, partiendo de la base de que todo lo que enseñas en una pantalla es falso puedes construir ese mundo falso de una forma que te parezca más justa.

«Todo puede ser parte de una película de terror»

Estamos haciendo esta entrevista en el contexto de Diálogos de Cocina, un congreso gastronómico. ¿La comida también puede ser parte de una película de terror?

Todo puede ser parte de una película de terror. Hay comidas indigestas y comidas que dan mucho miedo [risas]. Más que la comida, los contextos, el trabajo en equipo, la jerarquía que hay en una cocina, son cosas que pueden dar material para generar terror.

Por otro lado, hace unos meses estrenaste tu documental Mugaritz, sin pan ni postre, sobre este particular restaurante vasco. ¿Cómo un artista que se ha centrado en contar historias de terror, con ese amor por el género del que me hablabas, llega a hacer un documental sobre un restaurante?

¡Por puro interés! Soy fan de Mugaritz desde hace muchos años porque me parece un espacio de libertad y creatividad, un sitio que tiene por norma desafiar las normas, y eso me resulta muy atractivo como creador y como individuo. Cuando me llegó la propuesta de si quería apuntarme al carro de documentar ese proceso creativo, no pude negarme a tener la oportunidad de acceder de primera mano a ese espacio. Lo bonito del cine es cuando te permite acceder a espacios donde normalmente no estarías, espacios a los que no perteneces. Curiosear y poder acompañar a las personas que me asombran y me admiran con su trabajo, poder espiarles, fue un privilegio.

«Lo bonito del cine es cuando te permite acceder a espacios donde normalmente no estarías»

¿Qué fue lo que te enseñó meterse en sus cocinas, o lo más inesperado que te encontraste?

La falta de miedo. Se lo decía un día a [su chef] Andoni: «Lo que me fascina es que no tenéis miedo a defraudar ni a las expectativas, a no ser lo que se espera de vosotros». Creo que ese es el miedo más humano, el miedo a no defraudar, normalmente a nosotros mismos. Todos nos generamos una especie de silueta que intentamos rellenar con lo que creemos ser o lo que nos gustaría llegar a ser, y creo que el mayor miedo que tenemos es darte cuenta de que esa silueta no se corresponde con lo que tú tenías previsto.

¿Qué le da miedo a Paco Plaza?

Lo que a cualquier persona: la enfermedad y la muerte de los seres queridos. El miedo a no poder valerte por ti mismo, a la degeneración física de uno mismo o de la gente que me rodea. Es muy poco original [risas].

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