La añada parece uno de los parámetros más importantes de un vino, pero no siempre es relevante: cómo saber si de verdad importa
Cuando hablamos de vino, más allá de mirar para otro lado y temerlo, hay decenas de conceptos alrededor de él que, a veces, pueden no significar tanto como creemos. Quizá, en este sentido, el de la añada sea uno de los más referidos y, al mismo tiempo, mal utilizados o incomprendidos. Por desgracia, también a menudo incomprensibles para el gran público, pero desde luego es un término relevante y una catalogación que es útil dentro del sector. Cosa bien distinta es que sea un concepto que debamos utilizar todo el rato o en cualquier tipo de vino, aunque es cierto que en todos afecta. Por añada entendemos al año en que las uvas se recogieron y fueron convertidas en vino. Es decir, añada –aunque suene a perogrullada– marca el año que fueron cosechadas las uvas y, desde ahí, se elaboró el vino en cuestión. Hay vinos que no tienen añada. Esto sucede, en general, con los vinos generosos. En los vinos del Marco de Jerez y de Montilla-Moriles el sistema de criaderas y soleras (donde se mezclan añadas distintas, durante mucho tiempo) hace que el término de la añada pierda relevancia. También sucede en otros fortificados como los vinos de Oporto, los Madeira y los Marsala. Es posible que encontremos algunos ejemplos de vinos de estas características que sí hablen de añada, pero son rarezas. Los vinos que sí mencionan sus añadas son los vinos tranquilos y, en determinados casos, también los espumosos (cavas, champagnes y proseccos), que poco a poco se han animado también a informar sobre las añadas, aunque no en la misma medida que se hace con los vinos tranquilos. Pero ¿en estos vinos siempre merece la pena fijarse en las añadas? Pues no. O no del todo. Es cierto que en cualquier producto que venga de la tierra y esté muy condicionado por ella –y por las características climatológicas del año–, va a ser relevante. Le pasa a cualquier fruta o verdura: en función de recibir más agua de lluvia o más horas de sol, o sufrir heladas, su capacidad productiva o su calidad se verán afectadas. Partiendo de esa premisa: sí, las añadas influyen. Pero no en todos los vinos es un dato relevante. Y, más importante aún, dependiendo del vino, debería inclinar nuestra elección en uno u otro sentido. Las añadas influyen, pero no del mismo modo Las añadas, por su climatología, condicionan el crecimiento y maduración de la uva. Evidentemente, hay vinos de más valía, más raros, caros o excepcionales, con producciones más limitadas, donde la añada es un valor diferencial, pues pueden ser ejemplo de un año complicado o de un magnífico año, lo que hace resaltar las características del vino en cuestión. ¿Sucede lo mismo con vinos de producción masiva? Pues no, claro. Hay bodegas que hacen grandes cantidades de vino, algunos de un precio medio o medio-alto, donde la influencia de la añada tiene menos repercusión, pero no se trata de una cuestión de volumen de producción, sino de estandarización en la elaboración. Añada y vinos jóvenes: estar bien informado Conocer la añada es muy relevante si hablamos de vinos jóvenes, pensados para consumirse en ese año o el siguiente. No tanto por su calidad, sino por tener claro si el vino sigue en buen estado. La añada siempre informa aunque su relevancia depende del tipo de vino del que hablemos. No todos los vinos están pensados para ser guardados y en esos vinos jóvenes la añada nos importa a nivel consumidor. Vinos sin guarda o sin trabajos de crianza, pensados para consumirse rápido, no van a mejorar con el tiempo y, una vez embotellados, su vida útil va a empezar a correr. Por eso, en estos casos, saber la añada influye en comprobar si estamos comprando un vino 'fuera de tiempo'. Los vinos jóvenes y cosecheros deben consumirse en el año de su elaboración o, como mucho, el siguiente. Por ello se conocen también como “vinos del año” y, en su caso, el envejecimiento es una remora, no una ventaja. Por qué en determinados vinos la añada no es tan relevante En vinos que se envejecen en barrica u otros formatos, la añada es relevante a nivel informativo y a nivel organoléptico, aunque este proceso de crianza también estandariza a las grandes producciones de vino. Los enólogos y directores técnicos de las bodegas tienen conocimiento y herramientas para conseguir que sus vinos, dentro de un orden, sean más homogéneos en su comportamiento a lo largo de los años y que no encuentres diferencias abismales producidas por una añada complicada. Por eso, en la elaboración de vinos con crianza y con guarda que se elaboran en grandes cantidades, las añadas –a un nivel de consumidor medio– no son tan relevantes como para encontrar cambios notables. En ese sentido, los márgenes para encontrar diferencias en añadas son bastante pequeños si hablamos de un público general. Eso no quita que se pueda

Cuando hablamos de vino, más allá de mirar para otro lado y temerlo, hay decenas de conceptos alrededor de él que, a veces, pueden no significar tanto como creemos. Quizá, en este sentido, el de la añada sea uno de los más referidos y, al mismo tiempo, mal utilizados o incomprendidos.
Por desgracia, también a menudo incomprensibles para el gran público, pero desde luego es un término relevante y una catalogación que es útil dentro del sector. Cosa bien distinta es que sea un concepto que debamos utilizar todo el rato o en cualquier tipo de vino, aunque es cierto que en todos afecta.
Por añada entendemos al año en que las uvas se recogieron y fueron convertidas en vino. Es decir, añada –aunque suene a perogrullada– marca el año que fueron cosechadas las uvas y, desde ahí, se elaboró el vino en cuestión.
Hay vinos que no tienen añada. Esto sucede, en general, con los vinos generosos. En los vinos del Marco de Jerez y de Montilla-Moriles el sistema de criaderas y soleras (donde se mezclan añadas distintas, durante mucho tiempo) hace que el término de la añada pierda relevancia. También sucede en otros fortificados como los vinos de Oporto, los Madeira y los Marsala. Es posible que encontremos algunos ejemplos de vinos de estas características que sí hablen de añada, pero son rarezas.
Los vinos que sí mencionan sus añadas son los vinos tranquilos y, en determinados casos, también los espumosos (cavas, champagnes y proseccos), que poco a poco se han animado también a informar sobre las añadas, aunque no en la misma medida que se hace con los vinos tranquilos.
Pero ¿en estos vinos siempre merece la pena fijarse en las añadas? Pues no. O no del todo. Es cierto que en cualquier producto que venga de la tierra y esté muy condicionado por ella –y por las características climatológicas del año–, va a ser relevante. Le pasa a cualquier fruta o verdura: en función de recibir más agua de lluvia o más horas de sol, o sufrir heladas, su capacidad productiva o su calidad se verán afectadas. Partiendo de esa premisa: sí, las añadas influyen. Pero no en todos los vinos es un dato relevante. Y, más importante aún, dependiendo del vino, debería inclinar nuestra elección en uno u otro sentido.
Las añadas influyen, pero no del mismo modo

Evidentemente, hay vinos de más valía, más raros, caros o excepcionales, con producciones más limitadas, donde la añada es un valor diferencial, pues pueden ser ejemplo de un año complicado o de un magnífico año, lo que hace resaltar las características del vino en cuestión.
¿Sucede lo mismo con vinos de producción masiva? Pues no, claro. Hay bodegas que hacen grandes cantidades de vino, algunos de un precio medio o medio-alto, donde la influencia de la añada tiene menos repercusión, pero no se trata de una cuestión de volumen de producción, sino de estandarización en la elaboración.
Añada y vinos jóvenes: estar bien informado

Conocer la añada es muy relevante si hablamos de vinos jóvenes, pensados para consumirse en ese año o el siguiente. No tanto por su calidad, sino por tener claro si el vino sigue en buen estado.
La añada siempre informa aunque su relevancia depende del tipo de vino del que hablemos.
No todos los vinos están pensados para ser guardados y en esos vinos jóvenes la añada nos importa a nivel consumidor. Vinos sin guarda o sin trabajos de crianza, pensados para consumirse rápido, no van a mejorar con el tiempo y, una vez embotellados, su vida útil va a empezar a correr. Por eso, en estos casos, saber la añada influye en comprobar si estamos comprando un vino 'fuera de tiempo'.
Los vinos jóvenes y cosecheros deben consumirse en el año de su elaboración o, como mucho, el siguiente. Por ello se conocen también como “vinos del año” y, en su caso, el envejecimiento es una remora, no una ventaja.
Por qué en determinados vinos la añada no es tan relevante

Los enólogos y directores técnicos de las bodegas tienen conocimiento y herramientas para conseguir que sus vinos, dentro de un orden, sean más homogéneos en su comportamiento a lo largo de los años y que no encuentres diferencias abismales producidas por una añada complicada.
Por eso, en la elaboración de vinos con crianza y con guarda que se elaboran en grandes cantidades, las añadas –a un nivel de consumidor medio– no son tan relevantes como para encontrar cambios notables.

En ese sentido, los márgenes para encontrar diferencias en añadas son bastante pequeños si hablamos de un público general. Eso no quita que se puedan apreciar matices, pero la realidad es que para el vino que vas a comprar en el supermercado, la diferencia de una añada con otra suele ser menor que la que vayas a encontrar en vinos de autor o de pequeñas producciones.
Eso tampoco quita que, por ejemplo, haya añadas que se coticen mucho más que otras. O que veas diferencias de precios entre unas y otras. Cuando un crítico de vinos como The Wine Advocate (Robert Parker), Tim Atkin o James Suckling valoran bien un vino, es muy posible que esa añada en concreto aumente de precio.
Las diferencias en vinos más comunes, entendiendo esto como vinos que podemos encontrar en gran consumo como supermercados e hipermercados, no suelen ser tan notables ni ir tan enfocadas a las valoraciones de la crítica, por lo que sus precios fluctúan mucho menos.
Como hemos visto, las añadas no importan de la misma medida en todos los vinos, pero influyen en su calidad y en su precio, por lo que en algunos aspectos sí debe ser un factor a tener en cuenta a la hora de comprar o pedir vino.
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La noticia
La añada parece uno de los parámetros más importantes de un vino, pero no siempre es relevante: cómo saber si de verdad importa
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Directo al Paladar
por
Jaime de las Heras
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