Por qué algunos jóvenes miran la democracia con desconfianza
La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) señala que el 12% de los jóvenes españoles de entre 18 y 24 años cree que en algunas circunstancias un gobierno autoritario es preferible a un sistema democrático. La entrada Por qué algunos jóvenes miran la democracia con desconfianza se publicó primero en Ethic.

La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) señala que el 12% de los jóvenes españoles de entre 18 y 24 años cree que en algunas circunstancias un gobierno autoritario es preferible a un sistema democrático.
El Sondeig d’Opinió 2024 del Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS) de Catalunya muestra la misma tendencia de los jóvenes y apunta que hasta un 16% de los hombres jóvenes compartía esta opinión.
La encuesta de valores de Catalunya de 2023 del Centre d’Estudis d’Opinió mostraba que los jóvenes son el grupo que está más de acuerdo con vivir en un país que pueda garantizar un nivel de vida adecuado a sus ciudadanos, aunque no sea del todo democrático.
Estos indicadores han contribuido a suscitar un debate en España que hace ya un tiempo que se da en otros contextos: ¿están los jóvenes dando la espalda a la democracia? ¿En qué se traduce esto? ¿Nos deberíamos preocupar? Si es el caso, ¿por qué ocurre esto?
El primer síntoma: poca participación electoral
Como hace ya unos años que se han detectado estos síntomas, existe un cierto volumen de investigación académica sobre la cuestión. Uno de los primeros síntomas que se detectaron fue fundamentalmente una caída en la participación electoral de los jóvenes.
Esta constatación generó un cierto debate entre expertos que defendían que se trataba simplemente de una actitud crítica hacia el sistema democrático y los partidos establecidos y otros que apuntaban a una corriente más de fondo, de creciente distancia entre los jóvenes y la democracia. No estaba claro si se trataba de una apatía cada vez mayor o, directamente, de una antipatía incipiente hacia la democracia como sistema.
Parece ser que el tiempo tiende a dar la razón a los pesimistas: la apatía inicial está dando paso a una creciente atracción por alternativas no democráticas.
La apatía inicial está dando paso a una creciente atracción por alternativas no democráticas
¿Por qué ocurre esto? A priori, deberíamos esperar que la generación con el mayor nivel educativo de la historia fuese también la más democrática. No en vano se ha dicho y repetido a menudo que la educación genera demócratas.
Las principales teorías de la democracia apuntaban a que, con la modernización de las sociedades, las democracias se irían consolidando. Pero hoy hay signos inquietantes de crisis, desconsolidación y retroceso democrático en muchos países: Hungría, Israel, Polonia, India o Estados Unidos. Y los jóvenes parecen estar a la cabeza de esta tendencia.
Más hombres que mujeres
Un elemento clave que nos puede ayudar a interpretar estos datos son las diferencias de género: se trata de una tendencia mucho más acusada entre hombres jóvenes que entre las mujeres. Es lo mismo que sucede con la creciente división ideológica de género: los hombres de la generación Z –nacidos a finales de los años 90 y principios de los 2000–, a diferencia de lo que pasaba en las generaciones anteriores, se están moviendo hacia la derecha y, en algunos casos, hacia la extrema derecha.
Se trata de una tendencia mucho más acusada entre hombres jóvenes que entre las mujeres
Es razonable pensar que ambas tendencias están interrelacionadas. Si un segmento de los jóvenes, quizás como reacción a un sistema político que sienten que no responde a sus necesidades, o a los avances del feminismo de los últimos años, se siente atraído hacia actores políticos que cuestionan algunos elementos de la democracia, no nos debería sorprender que también ellos acaben expresando ideas autoritarias.
¿Se consolidará esta tendencia?
¿Hasta qué punto son tendencias preocupantes? Es importante situar las cosas en su contexto y no dejarnos llevar por el alarmismo: en todos estos estudios observamos cómo la gran mayoría de jóvenes son sólidamente demócratas. Y, en todo caso, aún hay algo más que deberíamos dilucidar: ¿se trata de un efecto de la edad, y por lo tanto, estos jóvenes irán convergiendo con el resto de la población a medida que crezcan o, por el contrario, es un fenómeno generacional y debemos esperar que se consolide este giro autoritario?
No es una pregunta sencilla de responder (en la investigación esto se conoce como el problema de identificación edad-cohorte-periodo), pero sí es trascendente para evaluar las implicaciones del fenómeno.
Hay razones para pensar que el contexto en el que está creciendo este grupo de población pueda ser proclive a la consolidación de estas tendencias: el pesimismo sobre sus posibilidades futuras de progreso social, la creciente brecha en el fracaso y abandono escolar, la influencia de las redes sociales y el éxito de actores políticos como Donald Trump.
En definitiva, aunque deberíamos valorarlo todo en su contexto y no proyectar un nuevo estereotipo sobre los jóvenes, sí hay algunas tendencias importantes que deberían poner a las democracias en alerta. Porque la democracia necesita demócratas, y a veces puede bastar con un porcentaje modesto de antidemócratas o de ciudadanos poco comprometidos con los principios democráticos para ponerla en riesgo.
Jordi Muñoz es profesor de Ciencia Política, Universitat de Barcelona. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
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