El Liceo se transforma en un gigantesco tablao flamenco con El Cante de las Minas

El Gran Teatro del Liceo vivió otra de esas noches de hipnótico eco al metamorfosearse en un gigantesco tablao flamenco. En lo que era la primera gala de ganadores del Festival Cante de las Minas en Barcelona, el coliseo lírico vivió una irrupción incontenible de duende que acabó con el público en pie y una larguísima ovación. Once grandes artistas flamencos , comandados por Amador Rojas, deleitaron al público con su voz, guitarra y baile. Arropados por una puesta en escena de gran simplicidad y belleza, creada por el artista murciano Esteban Bernal, la excepcionalidad de la velada quedó patente desde los primeros acordes. El espectáculo arrancó en negro, con la irrupción de tres cantaores liderados por Jesús Corbacho , el vencedor del último Lámpara Minera. En armonías vocales que rasgaban el aire, Corbacho consiguió transportar al público al corazón de esa Murcia minera que vio nacer al festival de flamenco hace ya 63 años y lo hizo con un quejío devastador. El microfonado a veces le robaba matices, pero está claro que es una de las voces a seguir en los próximos años. El segundo en subir al escenario fue el violonchelista José 'El Marqués', ganador del último premio Filón, con un sentido instrumental en dos partes que sacó al flamenco más allá de sus tradicionales guitarra y cajón. Cuando rasgaba las cuerdas con el arco conseguía hermosas melodías que apaciguaban el alma, pero era cuando las golpeaba de nuevo con los dedos cuando encendía el ánimo y lo llevaba a otras esferas. Le siguió la bailaora japonesa La Yunko , ganadora del Desplante Femenino. Con sus increíbles trajes de flamenca, con larguísimas y pesadas colas, la artista, de pequeña estatura, pero mucho nervio, demostró que el arte jondo puede nacer en todo el mundo. Entró nerviosa, pero pronto hizo suyo el escenario. Es una buena bailaora en los movimientos eléctricos, pero es en la pausa, en la lentitud, en la sutileza donde gana enteros y se llena de teatralidad y elegancia. Después llegó el turno de la guitarra de Joni Jiménez , ganador del Bordón Minero, que sirvió como traca final a una primera parte sobresaliente, pero que estalló en mil colores en la reanudación con la aparición estelar del guitarrista malagueño Daniel Casares y el bailaor barcelonés El Yiyo, un prodigio de gracia, ritmo y versatilidad que es hoy por hoy una de las estrellas del nuevo baile flamenco. La irrupción de Daniel Casares hizo que todos en la platea se incorporaran en sus asientos para comprobar si lo que estaban viendo era real. Su virtuosismo era de otra galaxia y en sus manos una guitarra se transformaba en dos y tres y hasta una banda completa de percusión. «Vengo de Málaga para entregarles mi corazón», dijo en la única vez que los artistas se dirigieron al público y vaya si lo entregó. Su dúo después con Joni Jiménez y su conversación a seis cuerdas fue otro de los momentos más emotivos de la noche. Y entonces apareció él, El Yiyo , con una chaqueta roja que rompía por completo el monocronismo negro del escenario. Empezó con un ejercicio de palmas y sólo con las manos ya consiguió enmudecer al Liceo. Es un prodigio de ritmo y precisión, que cuando explota en braceos y taconeos quita el aliento por la descarga eléctrica que dibuja en cada movimiento. Su melena juega incluso su papel, en latigazos de gran belleza compositiva. Un bailaor de raza, completo y demoledor. Y los once artistas se reunieron al final juntos como si estuvieran en un patio andaluz al atardecer y acabaron una de esas veladas excepcionales e inolvidables del que la gente habla durante lustros. Qué viva el flamenco, que viva el Liceo y que viva el Cante de las Minas. «Es un día histórico para el festival. El templo de la ópera abre las puertas al flamenco y nos permite compartir su duende, unidos por la pasión y el arte», afirmó Joaquín Zapata, alcalde de La Unión y presidente de la Fundación del Festival Cante de las Minas, que estuvo respaldado por Jaume Collboni, alcalde de Barcelona, y el presidente de Murcia, Fernando López Miras. Hasta el año que viene, esperemos.

Apr 3, 2025 - 10:24
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El Liceo se transforma en un gigantesco tablao flamenco con El Cante de las Minas
El Gran Teatro del Liceo vivió otra de esas noches de hipnótico eco al metamorfosearse en un gigantesco tablao flamenco. En lo que era la primera gala de ganadores del Festival Cante de las Minas en Barcelona, el coliseo lírico vivió una irrupción incontenible de duende que acabó con el público en pie y una larguísima ovación. Once grandes artistas flamencos , comandados por Amador Rojas, deleitaron al público con su voz, guitarra y baile. Arropados por una puesta en escena de gran simplicidad y belleza, creada por el artista murciano Esteban Bernal, la excepcionalidad de la velada quedó patente desde los primeros acordes. El espectáculo arrancó en negro, con la irrupción de tres cantaores liderados por Jesús Corbacho , el vencedor del último Lámpara Minera. En armonías vocales que rasgaban el aire, Corbacho consiguió transportar al público al corazón de esa Murcia minera que vio nacer al festival de flamenco hace ya 63 años y lo hizo con un quejío devastador. El microfonado a veces le robaba matices, pero está claro que es una de las voces a seguir en los próximos años. El segundo en subir al escenario fue el violonchelista José 'El Marqués', ganador del último premio Filón, con un sentido instrumental en dos partes que sacó al flamenco más allá de sus tradicionales guitarra y cajón. Cuando rasgaba las cuerdas con el arco conseguía hermosas melodías que apaciguaban el alma, pero era cuando las golpeaba de nuevo con los dedos cuando encendía el ánimo y lo llevaba a otras esferas. Le siguió la bailaora japonesa La Yunko , ganadora del Desplante Femenino. Con sus increíbles trajes de flamenca, con larguísimas y pesadas colas, la artista, de pequeña estatura, pero mucho nervio, demostró que el arte jondo puede nacer en todo el mundo. Entró nerviosa, pero pronto hizo suyo el escenario. Es una buena bailaora en los movimientos eléctricos, pero es en la pausa, en la lentitud, en la sutileza donde gana enteros y se llena de teatralidad y elegancia. Después llegó el turno de la guitarra de Joni Jiménez , ganador del Bordón Minero, que sirvió como traca final a una primera parte sobresaliente, pero que estalló en mil colores en la reanudación con la aparición estelar del guitarrista malagueño Daniel Casares y el bailaor barcelonés El Yiyo, un prodigio de gracia, ritmo y versatilidad que es hoy por hoy una de las estrellas del nuevo baile flamenco. La irrupción de Daniel Casares hizo que todos en la platea se incorporaran en sus asientos para comprobar si lo que estaban viendo era real. Su virtuosismo era de otra galaxia y en sus manos una guitarra se transformaba en dos y tres y hasta una banda completa de percusión. «Vengo de Málaga para entregarles mi corazón», dijo en la única vez que los artistas se dirigieron al público y vaya si lo entregó. Su dúo después con Joni Jiménez y su conversación a seis cuerdas fue otro de los momentos más emotivos de la noche. Y entonces apareció él, El Yiyo , con una chaqueta roja que rompía por completo el monocronismo negro del escenario. Empezó con un ejercicio de palmas y sólo con las manos ya consiguió enmudecer al Liceo. Es un prodigio de ritmo y precisión, que cuando explota en braceos y taconeos quita el aliento por la descarga eléctrica que dibuja en cada movimiento. Su melena juega incluso su papel, en latigazos de gran belleza compositiva. Un bailaor de raza, completo y demoledor. Y los once artistas se reunieron al final juntos como si estuvieran en un patio andaluz al atardecer y acabaron una de esas veladas excepcionales e inolvidables del que la gente habla durante lustros. Qué viva el flamenco, que viva el Liceo y que viva el Cante de las Minas. «Es un día histórico para el festival. El templo de la ópera abre las puertas al flamenco y nos permite compartir su duende, unidos por la pasión y el arte», afirmó Joaquín Zapata, alcalde de La Unión y presidente de la Fundación del Festival Cante de las Minas, que estuvo respaldado por Jaume Collboni, alcalde de Barcelona, y el presidente de Murcia, Fernando López Miras. Hasta el año que viene, esperemos.