Syldavia no se halla en los mapas… o sí
¿Syldavia? ¡Ah, sí! ¡Ya recuerdo! ¡Las Aventuras de Tintín! ¡País inventado por el dibujante de dicha colección de cómics! ¡Es verdad! País que da patria y cuerpo a libros tales como El cetro de Ottokar, El Asunto Tornasol y la doble aventura lunar. Pues bien. Habiendo refrescado la memoria y habiendo rememorado las aventuras de... Leer más La entrada Syldavia no se halla en los mapas… o sí aparece primero en Zenda.

¿Syldavia? ¿Moldavia? ¿Transilvania? Me suena a países con nombres balcánicos, de raíces ciertamente otomanas.
Pues bien. Habiendo refrescado la memoria y habiendo rememorado las aventuras de Tintín, hablemos un poco de Syldavia.
Efectivamente, se trata de un país imaginario creado por George Prosper Remi (Hergé), padre de Tintín y creador de la línea clara.
Dicho país, situado en lo que hoy en día estaría a la altura de Montenegro, fue creado por Hergé con la intención de idealizarlo como lugar de perpetua felicidad, y como bien decía el cantante Rafa Sánchez, vocalista del grupo musical La Unión: “El tiempo pasa tan despacio en Syldavia”.
País con bosques frondosos, ríos caudalosos, con sus balnearios de aguas termales y medicinales que nos ofrecen relajación, tranquilidad, sosiego, reflexión; y que dicho escenario idílico su creador quiso romper en mil pedazos, propiciándole una buena dosis de aventura, desasosiego e intriga con la presencia de Tintín en su capital, Klow, como secretario del profesor Néstor Alambique, eminente sigilógrafo.
Pues bien, la paz utópica que nos ofrece Syldavia es interrumpida de cuajo por la actitud belicista de su país vecino. Este país se llama Borduria y su existencia se centra exclusivamente en su afán obsesivo de quererse anexionar el territorio syldavo. La historia se repite insistentemente con una tozudez alarmante. Dicho propósito anexionador no sé si le recordará al lector algún episodio bélico actual. Me temo que sí, más de uno.
Syldavia es representada por Hergé como una monarquía democrática de la mano de su rey Muskar XII. Su reinado tiene como finalidad dar seguridad y prosperidad a todos sus conciudadanos, a la vez que la preservación del símbolo máximo de poder y autoridad del país. Ese no es otro que el cetro de Ottokar, emblema que da nombre a una de las aventuras de Tintín.
Siendo conscientes de los peligros que acechan al país, Syldavia cuenta con una red de espías, entre los que haremos mención a Kaviarovich, el cual fue descubierto por el servicio secreto bordurio y sufrió sus malvadas consecuencias.
Por su parte, Borduria, país sometido por la dictadura militar e implacable del dictador Plekszy-Gladz, líder del partido único bajo el régimen de los “bigotistas” y teniendo como alto cargo de su ejército al coronel Sponsz, suspira por conseguir el poder de su país vecino mediante la confabulación de miembros afines a su causa, como el coronel Müsstler (abreviatura de Mussolini y Hitler), infiltrados dentro de las fuerzas de seguridad syldavas y en concreto la Guardia de Acero, para poderse incautar del preciado cetro, símbolo del poder real, en el marco de las festividades de San Vladimiro. La obligada obediencia de los ciudadanos bordurios se refleja en la fe y devoción enfermiza que sostienen a “los bigotes de Plekszy-Gladz”.
Dicho cetro fue inicialmente incautado por los acólitos del régimen bordurio, pero nuestro afamado reportero Tintín consiguió recuperarlo en el último momento, consiguiendo que el rey no tuviera que abdicar por ese motivo y que su persona pudiera lucir dicho estandarte de poder en el paseo triunfal por las avenidas de Klow, acomodado en su fastuosa carroza real.
Todo lo explicado con anterioridad al paso del tiempo ha provocado una simpatía considerable entre los lectores de las aventuras de Tintín con Syldavia, generándose en el espectro mental de los mismos una especie de binomio entre el país que representa el bien y el que representa el mal.
Como en todos los frentes de la vida, también te encuentras seguidores de Borduria; pocos, escasos, pero “haberlos haylos”. Supongo que es debido a que la diferencia o equidistancia genera un cierto atractivo. Según para quién, ser distinto mola. En algunos sujetos, el ser opuesto provoca una cierta notoriedad que en su vida rutinaria sencillamente no consiguen.
El resultado de lo descrito es el de encontrarnos, aparte de egos personales, con un país llamado Borduria, totalmente vacío de contenido, en el que solo se le reconoce su capital, Szohôd, pero siempre dispuesto a alimentarse jodiendo al enemigo y, en el caso que nos ocupa, a Syldavia.
Tanto es así que a Syldavia se le reconoce mapa y cartografía propia con una extensión territorial dentro de sus fronteras de 13.800 km², se le reconoce himno nacional, así como cuerpo diplomático organizado mediante una Red Consular en la que el nombramiento de cónsules y la imposición de sus insignias conlleva un acto destacado de realzamiento patriótico. Sus ciudadanos prestan entrega y devoción a su santo patrón, San Vladimiro, emiten filatelia real y consular; son poseedores de moneda propia, el khôr y además elaboran productos alimenticios con toda una gama de aguas medicinales, vinos y licores espirituosos.
En referencia al mapa de Syldavia se describen perfectamente ciudades como su capital, Klow, con su majestuoso Palacio Real, Kropow y su famoso castillo donde se alberga entre otras estancias la Sala del Tesoro; el Centro de Investigaciones Atómicas de Sbrodj, instalación desde la cual despega en misión pilotada el famoso cohete lunar de damero rojo y blanco, la catedral de San Vladimiro, ríos ciertamente caudalosos como lo son el Wladir y el Moltus, puertos con gran movimiento comercial marítimo como Douma y Barnuck, que dan salida al Mar Adriático, frontera natural con Borduria, que se sitúa en el lago Flechizaff (punto de frecuentes disputas territoriales navales), lugar en el que se desarrolla la aventura de El lago de los tiburones. Finalmente, agradecer a los responsables de su cartografiado el esfuerzo orográfico que han puesto y que les ha supuesto dar enclave en el mismo a la cordillera de Kanttonet y al valle del mismo nombre.
En un libro titulado Carnets de Syldavia (Editorial Mosquito), de mi buen amigo y tintinólogo Jacques Hiron, se explica que la fuente de inspiración que llevó a Hergé a crear este fantástico país y sus reticencias con Borduria eran producto de las trifulcas fronterizas y de disputa territorial que existían a principios de los años noventa del siglo pasado entre Montenegro y Albania. La construcción de elementos fronterizos por parte de obreros armados hasta las cejas de ambos países y regado con el consumo etílico de más de uno, provocaba disputas y confrontaciones considerables, ocasionando en ocasiones más de un muerto y sus correspondientes problemas diplomáticos.
Después de lo descrito, no sabemos si en realidad Syldavia ha existido, o existirá. Lo que tengo claro es que, como poco… siempre nos quedará Tintín.
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