Dirigir tu propia novela
Aun así, puede que haya gente que se sorprenda al enterarse de que el autor ha dirigido el rodaje de su novela y desconfíe. En mi caso, quizá ignoren que vengo del mundo audiovisual y ya en los años 90 dirigía series de televisión. Mi primera oportunidad la tuve en Menudo es mi padre; sí,... Leer más La entrada Dirigir tu propia novela aparece primero en Zenda.

¿Hay otros escritores que hayan dirigido su propia novela? Al principio, con la emoción, pensé que lo mío —que un escritor dirigiera su propia novela— era un hecho casi único, hasta que el periodista cultural Noel Ceballos me puso en mi sitio y me mandó una página web en la que se citaban otras películas dirigidas por sus propios autores. Y qué autores: Elia Kazan, Jodorowsky, Pasolini, Yukio Mishima, Frank Miller, Dalton Trumbo, Michel Houellebecq, Michael Crichton y Marguerite Duras, entre otros. Y en España también hay casos, como el de Gonzalo Suárez o Ray Loriga. Bueno, tampoco está nada mal formar parte de este club.
Experiencia tengo, pero llevaba muchos años alejado de la dirección, centrado en escribir guiones y, sobre todo, cuatro novelas. Por eso, cuando José Pastor de TVE, Diego Rodríguez y Coque Serrano de La Charito Films, el productor alemán Peter Naderman, y Lisa Wegscheider, de Netflix, confiaron en mí para rodar mi novela, me sedujo la posibilidad.
¿Qué sucede cuando te enfrentas a tu propio libro? Es un camino largo y complejo.
EL GUION
Busqué a una guionista con experiencia, Victoria Dal Vera, para tener una opinión externa, y se convirtió en la defensora de la novela. Cuando quería cargarme algo, ella lo defendía. «Yo ya he escrito esto. Ahora quiero hacer otra cosa» solía ser mi respuesta.
El que quiera leer la novela la tiene publicada; una película es una propuesta diferente. Y es que convertir más de quinientas páginas en las ciento cinco del guion y, finalmente, en una hora y cuarenta minutos en la pantalla, requiere no tener piedad.
Acordamos unas bases para la adaptación: no cabía nada que no estuviera estrictamente relacionado con la prehistoria; había que añadir acción, concentrar la trama, reducir los flashbacks, potenciar a los sospechosos y cortar lo que no fuese imprescindible para entender la investigación. Todo esto sin descuidar la evolución de los personajes.
El resultado debió de gustar, porque los distintos socios lo aprobaron sin muchas notas y pasamos a la siguiente fase con relativa facilidad, algo no tan habitual. Eso sí, teníamos un guion con muchas secuencias y localizaciones complicadas.
LA PREPRODUCCIÓN, YA FALTA MENOS
Algo fundamental es el reparto. Muchas veces me preguntan si cuando escribo ya les pongo cara a los personajes. En general no, pero cuando se publicó La huella del mal le mandé un ejemplar a Daniel Grao; me parecía que daba bien el personaje del expolicía: atractivo, con un punto chulesco, fuerte, muy buen actor. El resto de los intérpretes no los tenía pensados. Necesitaba una Silvia que estuviese a la altura. Enseguida pensamos en Blanca Suárez; suponía un cambio de registro para ella, un reto. Al principio, su representante nos explicó que no tenía fechas. Aun así, les pedimos que se leyeran el guion. Les debió de gustar, porque nos contestaron que Blanca quería hacerla y encontramos un hueco de dos meses disponibles antes de empezar la segunda temporada de Respira. Su incorporación fue un acierto, enseguida notamos que había química entre los protagonistas. Samuel Henares, el director de la excavación, también era un personaje complicado para el que queríamos una figura internacional. En cuanto me propusieron a Cosimo Fusco lo tuve claro, lo acababa de ver en 30 monedas y estaba fantástico, inquietante. Iba a dar el toque mítico que necesitábamos. Era un reto encontrar al resto: Galder, Inés, Gabriel, Eva… La decisión fue elegir aquellos actores que resultaran turbadores con tan solo verlos en un par de planos. Cualquiera de ellos debía parecer el culpable.
LAS LOCALIZACIONES ESPECTACULARES
Cuando escribo novelas intento que los lugares donde se desarrollan las historias sean interesantes desde el punto de vista estético y que estimulen la imaginación del lector: parajes originales, como iglesias perdidas en mitad de la montaña con pinturas simbólicas, enterramientos prehistóricos o cobijos de elefantes en un gran zoológico. Espacios que despierten curiosidad.
Para que nos dejasen rodar La huella del mal en el enclave de Atapuerca, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, era imprescindible conseguir los permisos correspondientes. Nunca se había hecho un largometraje allí. Desde que escribí la novela mantengo muy buena relación con el entorno del Sistema Atapuerca, pero eso es distinto a meter cámaras, equipo técnico, camiones y grúas de más de cuarenta metros… Y lo queríamos todo: la Trinchera del Ferrocarril, donde están las excavaciones; la Cueva del Silo, el CAREX y el Museo de la Evolución Humana. No fue sencillo, pero gracias a la Junta de Castilla y León y a Aurora Martín, entonces directora del SACE, conseguimos los permisos. La película no se habría podido rodar en otros escenarios.
Al final pude situar el cadáver en el CAREX (Centro de Arqueología Experimental), en donde construimos una réplica de un enterramiento neandertal y donde arranca la película. También montamos una persecución espectacular por el Museo de la Evolución Humana, una manera original de enseñar algunas de las salas principales. Rodamos una secuencia que seguro que será muy comentada en la Cueva del Silo, en la que los actores pasaron bastante frío, pero quedó espectacular. Y, por supuesto, varias en la Trinchera del Ferrocarril, donde están los yacimientos. Y hasta grabamos a un grupo de arqueólogos reales mientras excavaban. Es un pequeño homenaje a tantos años de trabajo.
EL RODAJE EN SÍ
La huella del mal está rodada en un porcentaje alto en exteriores, en exteriores complicados.
Una cosa es escribir una escena en una novela, pensar dónde se desarrolla, y otra contemplar las localizaciones reales. Todo lo relacionado con Atapuerca es impactante. Poner una cámara delante de esos parajes resulta sobrecogedor. El estrecho cortado de piedra de treinta metros de alto de los enterramientos, la cueva rocosa, el museo que contrasta con el resto de la película debido a sus líneas claras y elegantes… Todos estos lugares han fotografiado de maravilla gracias a Ángel Iguácel, quien consiguió que, a pesar de ser una película de exteriores, nunca les diera el sol en la cara a los actores. Eso es algo que, tal vez, los espectadores no noten pero que produce una atmósfera muy especial. Para conseguirlo, hay que generar sombras donde no existen o colocar palios de tela negros a cuarenta metros de altura para después iluminar por debajo los rostros de los personajes.
Y es que tú escribes «bosque de noche», y hay que rodar en un bosque de noche con frío y lluvia. Trabajar en emplazamientos así implica una gran infraestructura de camiones de maquillaje, vestuario, cámara, atrezo, carpas para comer más de ochenta personas, caravanas para que los actores descansen calientes, grupo electrógeno… Son localizaciones de difícil acceso. La organización de esos días es realmente compleja. No solo hay que conseguir los permisos, sino atender a todo el equipo para que trabaje, al menos, con cierta comodidad durante tantas horas.
No es lo mismo escribir en la tranquilidad de tu despacho que poner en imágenes aquello que has escrito. Pero el resultado merece el despliegue. Complicarse la vida tiene su encanto, queda en la pantalla para siempre.
LA DIRECCIÓN DE ACTORES
Al escribir una novela no tienes que pactar nada con los personajes. Por mucho que digas que a veces ellos son los que toman las riendas, es tu cabeza la que decide. En un rodaje tienes que confrontar diversos puntos de vista; cada actor ha desarrollado una imagen de su personaje basado en lo que tú has escrito. Blanca Suárez comenta en muchas entrevistas que solía aceptarles las propuestas que me hacían, y es que yo ya había pensado «demasiado»: había escrito la novela, después el guion junto a Victoria de Dal Vera y, para terminar, dirigía. Cualquier aportación que me viniese de fuera me venía bien, como un soplo de aire fresco. Por eso, tanto el productor ejecutivo (Coque Serrano) y el director de fotografía (Ángel Iguácel), como la directora de arte (Juana Mula), el músico (Pepe Herrero) o el montador (Juan Carlos Arroyo) me han aportado una visión que es muy de agradecer en un caso como este.
EL ESTRENO
Y ahora queda la parte final del proceso, la salida a las salas de cine y el juicio del público. La vida de un libro es muy diferente (más larga) a la de una película, en la que te juegas casi todo el viernes por la tarde. Si arranca mal, es posible que el sábado ya te quiten de alguna sesión. Y ese fin de semana puede hacer un tiempo estupendo, que invite a tomar algo en una terraza, o que se estrene Avatar 25 contra tu película. Pero es lo que hay, y hay que aceptarlo con tranquilidad.
Eso sí, en la actualidad los largometrajes tienen una segunda vida en plataformas unos meses después. La huella del mal se verá en Netflix y, con posterioridad, en TVE. Pero nada como disfrutarla en pantalla grande, os lo aseguro.
Tengo bastantes amigos escritores a los que les adaptan las novelas a series o películas. En ocasiones lo viven como un conflicto, y tal vez a los lectores no les agraden algunos de los cambios. En este proyecto no voy a poder echar la culpa ni al guionista ni al director. ¡Espero que os parezca que es la mejor adaptación posible!
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