100% arábica es 100% irrelevante: este argumento de venta no significa casi nada en la calidad del café

En los últimos años, la cultura del café ha vivido una auténtica revolución. Cada vez más personas se interesan por conocer lo que hay detrás de una buena taza. Saber de dónde viene, cómo se cultiva, cómo se tuesta y cuál es el mejor método para prepararlo en casa se ha vuelto casi una obsesión para muchos aficionados. Esta pasión por el café de calidad ha crecido en paralelo con un fenómeno inevitable: la proliferación de mensajes de marketing que apelan a ese nuevo interés. Sin embargo, no todo lo que se presenta como sinónimo de calidad lo es realmente. Uno de los ejemplos más claros es la etiqueta “100 % arábica”, que suele utilizarse como argumento de venta casi incuestionable. Este término se ha convertido en una especie de sello que muchos consumidores asocian automáticamente con un café superior. Y aunque en ciertos contextos puede implicar un producto más cuidado, lo cierto es que no garantiza por sí mismo que estemos ante un café excepcional. El mundo del café es mucho más complejo y sutil, y quedarse únicamente con el dato de que un café es “100 % arábica” puede llevarnos a una conclusión equivocada. Cerezas de café recién recolectadas. Para entender mejor esto, hay que comenzar por explicar que existen dos grandes variedades de café que dominan el mercado mundial: Coffea arabica, más conocida como arábica o arábiga, y Coffea canephora, conocida comúnmente como robusta. Cada una tiene sus propias características, tanto en lo que respecta al cultivo como al perfil sensorial que ofrecen en taza. La arábica se cultiva mayoritariamente en regiones de gran altitud, como ciertas zonas de América Latina, África Oriental y algunas partes de Asia. Es una planta más delicada, que requiere condiciones climáticas muy específicas y una atención más cuidadosa. Por estas razones, su cultivo es más costoso y su rendimiento, en general, más bajo. En teoría, bajo condiciones ideales, la arábica ofrece un perfil de sabor más complejo y aromático, con matices florales, frutales y una acidez más equilibrada. De ahí que históricamente se la haya considerado de mayor calidad. Tostado del café. En cambio, la robusta se cultiva a menor altitud y es mucho más resistente a enfermedades y condiciones adversas. Esto hace que su cultivo sea más fácil y barato, lo cual se traduce en una mayor presencia en cafés comerciales e industriales. Su sabor suele ser más amargo, con menos matices, y tiene un contenido de cafeína superior al de la arábica. Por estas razones, durante mucho tiempo ha tenido mala prensa entre los amantes del buen café. Ahora bien, que una taza esté hecha únicamente con café arábica no significa automáticamente que sea excelente. Hay demasiadas variables que influyen en el resultado final. Una de las más importantes es el origen: no es lo mismo un café cultivado a gran altitud en una finca especializada, donde se cuidan los detalles desde la semilla hasta la cosecha, que uno cultivado sin demasiado esmero, incluso si ambos son de la misma especie. También es crucial la forma en que se recolectan las cerezas. Si se recogen verdes o sobremaduras, el grano resultante puede no desarrollar los sabores deseados. La fermentación, el secado y el almacenamiento posteriores también afectan de manera determinante a la calidad del grano. El tostado, por su parte, es una etapa delicada. Un tostado excesivo puede quemar los aromas naturales del café y enmascarar los defectos del grano. A veces, los tostadores optan por un tostado muy oscuro precisamente para tapar imperfecciones. Así que podemos tener un café etiquetado como “100 % arábica”, pero con defectos de sabor, resultado de un mal tratamiento durante su producción o tostado. En Directo al Paladar Café de tueste natural, torrefacto y mezcla: ¿en qué se diferencian? Y aún queda un paso más: la preparación en casa. De nada sirve haber adquirido un café de calidad si se muele de forma incorrecta, se usa agua a la temperatura equivocada o se emplea un método de extracción inadecuado. Todos esos factores influyen en la bebida final que llega a la taza. Por eso, el verdadero café de calidad no se define por una sola palabra o etiqueta. Va mucho más allá del “100 % arábica”. Exige una cadena de cuidados y decisiones acertadas, desde la planta hasta la taza. Es cierto que la arábica, en igualdad de condiciones, tiene un potencial superior en cuanto a sabor y aroma. Pero si se descuida alguno de los pasos del proceso, ese potencial puede perderse completamente. Y, la realidad, es que el la gran mayoría de los cafés que se promocionan como 100% arábica son, a decir verdad, bastante malos. Imágenes | Imagen de freepik / Imagen de jcomp en Freepik / Imagen de bublikhaus en Freepik En DAP | Soy una esnob del café y este es el único café de Mercadona que considero que vale la pena

Mar 27, 2025 - 20:02
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100% arábica es 100% irrelevante: este argumento de venta no significa casi nada en la calidad del café

100% arábica es 100% irrelevante: este argumento de venta no significa casi nada en la calidad del café

En los últimos años, la cultura del café ha vivido una auténtica revolución. Cada vez más personas se interesan por conocer lo que hay detrás de una buena taza. Saber de dónde viene, cómo se cultiva, cómo se tuesta y cuál es el mejor método para prepararlo en casa se ha vuelto casi una obsesión para muchos aficionados.

Esta pasión por el café de calidad ha crecido en paralelo con un fenómeno inevitable: la proliferación de mensajes de marketing que apelan a ese nuevo interés. Sin embargo, no todo lo que se presenta como sinónimo de calidad lo es realmente. Uno de los ejemplos más claros es la etiqueta “100 % arábica”, que suele utilizarse como argumento de venta casi incuestionable.

Este término se ha convertido en una especie de sello que muchos consumidores asocian automáticamente con un café superior. Y aunque en ciertos contextos puede implicar un producto más cuidado, lo cierto es que no garantiza por sí mismo que estemos ante un café excepcional.

El mundo del café es mucho más complejo y sutil, y quedarse únicamente con el dato de que un café es “100 % arábica” puede llevarnos a una conclusión equivocada.

Cerezas Cerezas de café recién recolectadas.

Para entender mejor esto, hay que comenzar por explicar que existen dos grandes variedades de café que dominan el mercado mundial: Coffea arabica, más conocida como arábica o arábiga, y Coffea canephora, conocida comúnmente como robusta. Cada una tiene sus propias características, tanto en lo que respecta al cultivo como al perfil sensorial que ofrecen en taza.

La arábica se cultiva mayoritariamente en regiones de gran altitud, como ciertas zonas de América Latina, África Oriental y algunas partes de Asia. Es una planta más delicada, que requiere condiciones climáticas muy específicas y una atención más cuidadosa.

Por estas razones, su cultivo es más costoso y su rendimiento, en general, más bajo. En teoría, bajo condiciones ideales, la arábica ofrece un perfil de sabor más complejo y aromático, con matices florales, frutales y una acidez más equilibrada. De ahí que históricamente se la haya considerado de mayor calidad.

tostado del café Tostado del café.

En cambio, la robusta se cultiva a menor altitud y es mucho más resistente a enfermedades y condiciones adversas. Esto hace que su cultivo sea más fácil y barato, lo cual se traduce en una mayor presencia en cafés comerciales e industriales. Su sabor suele ser más amargo, con menos matices, y tiene un contenido de cafeína superior al de la arábica. Por estas razones, durante mucho tiempo ha tenido mala prensa entre los amantes del buen café.

Ahora bien, que una taza esté hecha únicamente con café arábica no significa automáticamente que sea excelente. Hay demasiadas variables que influyen en el resultado final. Una de las más importantes es el origen: no es lo mismo un café cultivado a gran altitud en una finca especializada, donde se cuidan los detalles desde la semilla hasta la cosecha, que uno cultivado sin demasiado esmero, incluso si ambos son de la misma especie.

También es crucial la forma en que se recolectan las cerezas. Si se recogen verdes o sobremaduras, el grano resultante puede no desarrollar los sabores deseados. La fermentación, el secado y el almacenamiento posteriores también afectan de manera determinante a la calidad del grano.

El tostado, por su parte, es una etapa delicada. Un tostado excesivo puede quemar los aromas naturales del café y enmascarar los defectos del grano. A veces, los tostadores optan por un tostado muy oscuro precisamente para tapar imperfecciones. Así que podemos tener un café etiquetado como “100 % arábica”, pero con defectos de sabor, resultado de un mal tratamiento durante su producción o tostado.

Y aún queda un paso más: la preparación en casa. De nada sirve haber adquirido un café de calidad si se muele de forma incorrecta, se usa agua a la temperatura equivocada o se emplea un método de extracción inadecuado. Todos esos factores influyen en la bebida final que llega a la taza.

Por eso, el verdadero café de calidad no se define por una sola palabra o etiqueta. Va mucho más allá del “100 % arábica”. Exige una cadena de cuidados y decisiones acertadas, desde la planta hasta la taza.

Es cierto que la arábica, en igualdad de condiciones, tiene un potencial superior en cuanto a sabor y aroma. Pero si se descuida alguno de los pasos del proceso, ese potencial puede perderse completamente. Y, la realidad, es que el la gran mayoría de los cafés que se promocionan como 100% arábica son, a decir verdad, bastante malos.

Imágenes | Imagen de freepik / Imagen de jcomp en Freepik / Imagen de bublikhaus en Freepik

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La noticia 100% arábica es 100% irrelevante: este argumento de venta no significa casi nada en la calidad del café fue publicada originalmente en Directo al Paladar por Jaime de las Heras .