‘Por todo lo alto’, éxito francés del año, es “cine de autor popular” que suena a ritmo del 'Bolero' de Ravel
Emmanuel Courcol ha estado nominado a los César y ha vendido más de dos millones de entradas con esta película donde la música une a dos hermanos separadosUn documental para hacer justicia con Agustín Gómez Arcos, el “hito de la literatura española” censurado por el franquismo El Bolero de Ravel tiene algo indescriptible. Uno escucha sus primeros compases y no puede evitar tararearlo. Como si esa melodía repetitiva —su inspiración vino del sonido de las fábricas— arrastrara a los que la escuchan a caer rendidos a una de las composiciones más populares de la historia. Es uno de esos extraños casos donde la música clásica se ha convertido en algo popular. Algo que todo el mundo ha oído alguna vez y que puede reconocer con apenas cuatro acordes. Fue así desde su creación, por encargo de la bailarina rusa Ida Rubinstein. 17 minutos que un siglo después siguen siendo una de las composiciones más reproducidas e interpretadas. Según la sociedad de derechos de autor de Francia, en 2005 fue la quinta obra musical francesa más exportada y generaba cada año 1,5 millones de euros en derechos de autor hasta que pasó a dominio público en 2016. El cineasta francés Emmanuel Courcol vio en el Bolero de Ravel un símbolo de unión, y en torno a eso creó su nueva película, Por todo lo alto —ya en salas españolas—, que se ha convertido en un fenómeno de masas en Francia, donde ha superado los dos millones de espectadores. Courcol siempre ha sido un director con un don para conectar con la gente, pero con este filme ha logrado que la gente se emocione con esta historia entre dos hermanos que no se conocían. Uno vive en un barrio obrero del norte de Francia y toca en una banda popular. El otro es director de una prestigiosa orquesta. Uno representa a la cultura popular, el otro a la élite. El punto de unión entre ellos no será otro que el Bolero de Ravel. Courcol no pretende inventar la rueda, solo seguir reproduciendo ese modelo de cine francés que siempre ha funcionado, el que con un puntito social pone en el centro emocionar al mayor número de espectadores posibles. La prueba de que lo logra es que en el Festival de San Sebastián logró el premio del público con la mayor nota de la historia de la sección (un 9,32 sobre 10). Al Zinemaldia acudió Courcol, todavía sin saber que su película iba a ser semejante bombazo. Allí contó como el proyecto nació cuando visitó la zona minera del norte de Francia, donde abundan las bandas musicales y se quedó con la idea de hacer algo con ellas, pero no conseguía materializarlo en un guion. Fue cuando decidió unir “dos mundos sociales diferentes y ligarlos a través de la música” cuando todo encajó. “La unión de la música popular y la música de una élite era también la unión de esos dos hermanos que no se conocen”, explica. Courcol cree que “el arte puede unir”, pero no es naif, y sabe que el acceso a la cultura y a una educación musical está condicionado por la clase social. De ahí que los dos hermanos de la película se dediquen a instrumentos y áreas tan diferentes. “Para cierto tipo de música hace falta una educación previa, si no la has oído y no la aprendes no vas a poder tocarla, eso no llega de golpe”, asegura. Por eso es por lo que eligió el Bolero de Ravel, porque “es la pieza de música clásica más conocida de mundo”. El cine que hago es un poco como el 'Bolero' de Ravel. Un cine de autor popular a medio camino entre el cine intelectual de autor y la comedia popular Emmanuel Courcol — Cineasta Pero no solo por eso, sino porque en su concepción hay un componente obrero. “Lo más curioso, que es algo que se supo después, es que Ravel compuso el Bolero tras haber visitado una fábrica a principios del siglo XX y se inspiró en el ruido repetitivo de las máquinas. Eso es genial, porque para la película iba a la perfección. Era la pieza musical que podía unir a los dos mundos”, añade. Otra de las cosas que siempre tuvo clara es que, a pesar de lo improbable del punto de partida, del encuentro de esos dos hermanos, su película “no quería que fuera un cuento de hadas”. Ese encuentro debía suponer “un choque de trenes donde había rencor, envidia e indiferencia” y donde “el punto de encuentro es la música”. De alguna forma, el cine que representa Courcol equivale a una especie de Bolero de Ravel cinematográfico. Una película que se presentó en el festival de Cannes fuera de concurso, que ha estado nominada al Cesár a la Mejor película, pero que no se avergüenza de su vocación popular y de vender millones de entradas. “Efectivamente, este cine es un poco el Bolero de Ravel. Queremos hacer un cine de autor popular. Normalmente, parece que solo hay dos tipos de cine, el intelectual de autor y la comedia tipo Dios mío, ¿pero qué te hemos

Emmanuel Courcol ha estado nominado a los César y ha vendido más de dos millones de entradas con esta película donde la música une a dos hermanos separados
Un documental para hacer justicia con Agustín Gómez Arcos, el “hito de la literatura española” censurado por el franquismo
El Bolero de Ravel tiene algo indescriptible. Uno escucha sus primeros compases y no puede evitar tararearlo. Como si esa melodía repetitiva —su inspiración vino del sonido de las fábricas— arrastrara a los que la escuchan a caer rendidos a una de las composiciones más populares de la historia. Es uno de esos extraños casos donde la música clásica se ha convertido en algo popular. Algo que todo el mundo ha oído alguna vez y que puede reconocer con apenas cuatro acordes.
Fue así desde su creación, por encargo de la bailarina rusa Ida Rubinstein. 17 minutos que un siglo después siguen siendo una de las composiciones más reproducidas e interpretadas. Según la sociedad de derechos de autor de Francia, en 2005 fue la quinta obra musical francesa más exportada y generaba cada año 1,5 millones de euros en derechos de autor hasta que pasó a dominio público en 2016.
El cineasta francés Emmanuel Courcol vio en el Bolero de Ravel un símbolo de unión, y en torno a eso creó su nueva película, Por todo lo alto —ya en salas españolas—, que se ha convertido en un fenómeno de masas en Francia, donde ha superado los dos millones de espectadores. Courcol siempre ha sido un director con un don para conectar con la gente, pero con este filme ha logrado que la gente se emocione con esta historia entre dos hermanos que no se conocían. Uno vive en un barrio obrero del norte de Francia y toca en una banda popular. El otro es director de una prestigiosa orquesta. Uno representa a la cultura popular, el otro a la élite. El punto de unión entre ellos no será otro que el Bolero de Ravel.
Courcol no pretende inventar la rueda, solo seguir reproduciendo ese modelo de cine francés que siempre ha funcionado, el que con un puntito social pone en el centro emocionar al mayor número de espectadores posibles. La prueba de que lo logra es que en el Festival de San Sebastián logró el premio del público con la mayor nota de la historia de la sección (un 9,32 sobre 10).
Al Zinemaldia acudió Courcol, todavía sin saber que su película iba a ser semejante bombazo. Allí contó como el proyecto nació cuando visitó la zona minera del norte de Francia, donde abundan las bandas musicales y se quedó con la idea de hacer algo con ellas, pero no conseguía materializarlo en un guion. Fue cuando decidió unir “dos mundos sociales diferentes y ligarlos a través de la música” cuando todo encajó. “La unión de la música popular y la música de una élite era también la unión de esos dos hermanos que no se conocen”, explica.
Courcol cree que “el arte puede unir”, pero no es naif, y sabe que el acceso a la cultura y a una educación musical está condicionado por la clase social. De ahí que los dos hermanos de la película se dediquen a instrumentos y áreas tan diferentes. “Para cierto tipo de música hace falta una educación previa, si no la has oído y no la aprendes no vas a poder tocarla, eso no llega de golpe”, asegura. Por eso es por lo que eligió el Bolero de Ravel, porque “es la pieza de música clásica más conocida de mundo”.
El cine que hago es un poco como el 'Bolero' de Ravel. Un cine de autor popular a medio camino entre el cine intelectual de autor y la comedia popular
Pero no solo por eso, sino porque en su concepción hay un componente obrero. “Lo más curioso, que es algo que se supo después, es que Ravel compuso el Bolero tras haber visitado una fábrica a principios del siglo XX y se inspiró en el ruido repetitivo de las máquinas. Eso es genial, porque para la película iba a la perfección. Era la pieza musical que podía unir a los dos mundos”, añade. Otra de las cosas que siempre tuvo clara es que, a pesar de lo improbable del punto de partida, del encuentro de esos dos hermanos, su película “no quería que fuera un cuento de hadas”. Ese encuentro debía suponer “un choque de trenes donde había rencor, envidia e indiferencia” y donde “el punto de encuentro es la música”.
De alguna forma, el cine que representa Courcol equivale a una especie de Bolero de Ravel cinematográfico. Una película que se presentó en el festival de Cannes fuera de concurso, que ha estado nominada al Cesár a la Mejor película, pero que no se avergüenza de su vocación popular y de vender millones de entradas. “Efectivamente, este cine es un poco el Bolero de Ravel. Queremos hacer un cine de autor popular. Normalmente, parece que solo hay dos tipos de cine, el intelectual de autor y la comedia tipo Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?”, subraya.
Eso sí, su cine también levanta prejuicios cuando va al festival de Cannes. Courcol recuerda los comentarios maliciosos cuando se anunció que estarían en el certamen, pero también que las críticas, “menos una”, apuntala, “fueron muy buenas”. “Si hay algo que me gusta es que este tipo de cine molesta normalmente a los críticos, les encanta hablar mal de películas como esta, pero esta vez no consiguieron ver por dónde cogerme y tuvieron que hablar bien de ella, o al menos normal. Somos varios los que hacemos este tipo de cine, digamos, intermedio. Está Eric Toledano, el director de Intocable, por ejemplo. No somos muchos, pero hacemos un cine que atrae a un público que normalmente no iría a ver cine de autor”, añade.
Junto a su mujer y coguionista de la película, Irene Muscari, llevan también su activismo fuera de la pantalla. Realizan cursos para llevar la cultura a la cárcel, un tema que trataron en su anterior filme, El triunfo, que mostraba a un grupo teatral dentro de un centro penitenciario. “Hay que ofrecer a las personas que creen que la delincuencia es su única forma de vida todas las posibilidades del arte, y eso es lo que intentamos hacer con nuestras películas, mostrarles otras opciones, abrir las ventanas de sus posibilidades”, zanja con contundencia.