Por mucho que Disney se siga esforzando, los cuentos de príncipes azules y princesas forman parte del pasado... Y ya va siendo hora de renovar a sus protagonistas

Empezaron como simples excusas argumentales para enseñar castillos mitológicos, largas escaleras, dormitorios engalanados y dejarse querer por un príncipe azul que llegaba de la nada y la besaba. Después, con el paso de los años y la evolución de la sociedad, se convirtieron en gente inteligente que tenía algo que decir para el bien de sus súbditos y actuando de manera naíf en cuanto sus amores y desamores, para terminar sabiendo kung-fu y salvando a su pueblo de los malvados criminales. La monarquía en las películas mainstream americanas (especialmente de dibujos) ha cambiado su modus operandi para no cambiar su status quo. Y en pleno 2025, ya va siendo hora de dejarnos de cuentos de príncipes azules y princesas. Sangre azul No creo que sorprenda a nadie al decir que muchos odiaron 'Los últimos jedi' (es posible que incluso tú mismo), pero, al fin y al cabo, es la única película de 'Star Wars' que se atrevió a abrir un melón difícil de tragar para un público acostumbrado a ver la misma historia mascada de distintas maneras: el hecho de que, para ser el héroe de la historia, no tengas por qué ser "el elegido", venir de la realeza, tener sangre Skywalker o, en general, ponerte en el foco central solo por tu herencia. Por supuesto, este atrevimiento de Rian Johnson que muchos aún no le han perdonado fue rápidamente cancelado por el noveno episodio, que mostró que Rey era hija de Palpatine y, por tanto, venía de casta "especial", manteniendo el status quo de la serie. Y qué quieres que te diga: te puede gustar más o menos el personaje o la octava entrega en general, pero su plano final, que mostraba a un chaval cualquiera siendo uno con la Fuerza, fue absolutamente rompedor, terminando con uno de los tópicos más dañinos de las historias Disney más clásicas que ha sobrevivido, de alguna manera, hasta nuestros días: el del poder heredado gracias a, por así decirlo, tener sangre azul. En Espinof Ni princesas, ni reinas, ni falta que hace. Creo que Disney debería olvidarse de cuentos como 'Blancanieves' y fijarse más en estas heroínas animadas Quizá sea porque los americanos no han sido vasallos desde 1776 (aunque sé que cualquier historiador puede toser ante este dato), pero tienen una extraña fascinación por la monarquía, los príncipes, las princesas y los mitos que designan a un héroe como liberador de su pueblo. Desde que 'Blancanieves y los siete enanitos' llegara a los cines yanquis en 1937, las historias, sobre todo las infantiles, se obsesionaron con los mandatarios que tenían poderes especiales y que podían cambiar el rumbo de su país, personas que por una profecía o por descendencia eran buenos, justos y queridos. Una Disney de rosas y espinas Como habitantes de un reino, sabemos que la realidad dista mucho de ser un cuento de hadas con castillos mágicos, reyes valerosos que luchan por el bienestar de sus súbditos y princesas que son capaces de cualquier cosa con tan de salvaguardar a su pueblo de los poderosos enemigos que nos aguardan en la oscuridad. En el país del "Me he equivocado y no volverá a ocurrir", las juergas de Froilán y el "¿Por qué no te callas?" se nos debería hacer extraño por naturaleza ver a un grupo de súbditos siguiendo ciegamente a un monarca sin plantearse ni por un momento por qué, además de tener todos los privilegios y mandar sobre los demás, son los protagonistas de la historia. Héroes por pura vagancia, porque les ha tocado por ley. Un tópico que hace un siglo era válido pero ahora, con tantas historias a nuestras espaldas, se tiene que hacer especialmente bien para no resultar naíf. De hecho, diría que es uno de los motivos de la repulsa del público hacia 'Blancanieves', por moderna y empoderada que esté en 2025: la gente no quiere ver más cuentos pasados de moda. Para mayor ignominia, y al igual que pasaba en 'Mufasa', al recuperar el reino con la ayuda de sus futuros vasallos, Blancanieves se erige a sí misma como reina en lugar de instaurar una república o dar poder a aquellos que la ayudaron. Todo para el pueblo, pero siempre que mande yo. He puesto ejemplos de dibujos animados de Disney, pero la fascinación por la monarquía y el poder va mucho más allá, con míticas películas como 'Princesa por sorpresa', 'La princesa cisne', 'Pesadilla antes de Navidad' (más o menos) o cientos de cintas navideñas a cada cual más absurda que pone en el foco de la historia (y le da todos los atributos positivos) al líder. No es que sea nada malo per se, pero sí que se echa de menos en ocasiones que la gente normal, de a pie, también pueda salvar la situación sin necesidad de haber nacido entre oropeles o tener un rayo en la frente. Fantasías para todos Y ojo: no deja de ser fantasía, una simple evaporación de nuestros problemas mundanos. Imaginar que hay otros reinos donde desde el palacio hacen pastel de manzana para el popul

Mar 27, 2025 - 20:04
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Por mucho que Disney se siga esforzando, los cuentos de príncipes azules y princesas forman parte del pasado... Y ya va siendo hora de renovar a sus protagonistas

Por mucho que Disney se siga esforzando, los cuentos de príncipes azules y princesas forman parte del pasado... Y ya va siendo hora de renovar a sus protagonistas

Empezaron como simples excusas argumentales para enseñar castillos mitológicos, largas escaleras, dormitorios engalanados y dejarse querer por un príncipe azul que llegaba de la nada y la besaba. Después, con el paso de los años y la evolución de la sociedad, se convirtieron en gente inteligente que tenía algo que decir para el bien de sus súbditos y actuando de manera naíf en cuanto sus amores y desamores, para terminar sabiendo kung-fu y salvando a su pueblo de los malvados criminales. La monarquía en las películas mainstream americanas (especialmente de dibujos) ha cambiado su modus operandi para no cambiar su status quo. Y en pleno 2025, ya va siendo hora de dejarnos de cuentos de príncipes azules y princesas.

Sangre azul

No creo que sorprenda a nadie al decir que muchos odiaron 'Los últimos jedi' (es posible que incluso tú mismo), pero, al fin y al cabo, es la única película de 'Star Wars' que se atrevió a abrir un melón difícil de tragar para un público acostumbrado a ver la misma historia mascada de distintas maneras: el hecho de que, para ser el héroe de la historia, no tengas por qué ser "el elegido", venir de la realeza, tener sangre Skywalker o, en general, ponerte en el foco central solo por tu herencia.

Por supuesto, este atrevimiento de Rian Johnson que muchos aún no le han perdonado fue rápidamente cancelado por el noveno episodio, que mostró que Rey era hija de Palpatine y, por tanto, venía de casta "especial", manteniendo el status quo de la serie. Y qué quieres que te diga: te puede gustar más o menos el personaje o la octava entrega en general, pero su plano final, que mostraba a un chaval cualquiera siendo uno con la Fuerza, fue absolutamente rompedor, terminando con uno de los tópicos más dañinos de las historias Disney más clásicas que ha sobrevivido, de alguna manera, hasta nuestros días: el del poder heredado gracias a, por así decirlo, tener sangre azul.

Quizá sea porque los americanos no han sido vasallos desde 1776 (aunque sé que cualquier historiador puede toser ante este dato), pero tienen una extraña fascinación por la monarquía, los príncipes, las princesas y los mitos que designan a un héroe como liberador de su pueblo. Desde que 'Blancanieves y los siete enanitos' llegara a los cines yanquis en 1937, las historias, sobre todo las infantiles, se obsesionaron con los mandatarios que tenían poderes especiales y que podían cambiar el rumbo de su país, personas que por una profecía o por descendencia eran buenos, justos y queridos.

Una Disney de rosas y espinas

Como habitantes de un reino, sabemos que la realidad dista mucho de ser un cuento de hadas con castillos mágicos, reyes valerosos que luchan por el bienestar de sus súbditos y princesas que son capaces de cualquier cosa con tan de salvaguardar a su pueblo de los poderosos enemigos que nos aguardan en la oscuridad. En el país del "Me he equivocado y no volverá a ocurrir", las juergas de Froilán y el "¿Por qué no te callas?" se nos debería hacer extraño por naturaleza ver a un grupo de súbditos siguiendo ciegamente a un monarca sin plantearse ni por un momento por qué, además de tener todos los privilegios y mandar sobre los demás, son los protagonistas de la historia.

Blancanieves

Héroes por pura vagancia, porque les ha tocado por ley. Un tópico que hace un siglo era válido pero ahora, con tantas historias a nuestras espaldas, se tiene que hacer especialmente bien para no resultar naíf. De hecho, diría que es uno de los motivos de la repulsa del público hacia 'Blancanieves', por moderna y empoderada que esté en 2025: la gente no quiere ver más cuentos pasados de moda. Para mayor ignominia, y al igual que pasaba en 'Mufasa', al recuperar el reino con la ayuda de sus futuros vasallos, Blancanieves se erige a sí misma como reina en lugar de instaurar una república o dar poder a aquellos que la ayudaron. Todo para el pueblo, pero siempre que mande yo.

He puesto ejemplos de dibujos animados de Disney, pero la fascinación por la monarquía y el poder va mucho más allá, con míticas películas como 'Princesa por sorpresa', 'La princesa cisne', 'Pesadilla antes de Navidad' (más o menos) o cientos de cintas navideñas a cada cual más absurda que pone en el foco de la historia (y le da todos los atributos positivos) al líder. No es que sea nada malo per se, pero sí que se echa de menos en ocasiones que la gente normal, de a pie, también pueda salvar la situación sin necesidad de haber nacido entre oropeles o tener un rayo en la frente.

Cisne

Fantasías para todos

Y ojo: no deja de ser fantasía, una simple evaporación de nuestros problemas mundanos. Imaginar que hay otros reinos donde desde el palacio hacen pastel de manzana para el populacho, que las gacelas ayudan a respetar al león, que un linaje es equivalente a la bondad, que hay reyes queridos por la sociedad en pleno siglo XXI, que los enamoramientos entre reyes y seres mágicos existen y están repletos de giros de guion que nos conquistan. Pero, pese a todo, las películas cometen un error al dejar de lado al héroe de a pie, ese que acaba salvando la situación sin que de él dependa mantenerse a sí mismo en el poder. Valga como ejemplo perfecto 'El señor de los anillos', que, a pesar de presentar a todo un rey como Aragorn, deja la responsabilidad principal en dos hobbits cuyo único objetivo vital era comerse sus dos desayunos tranquilamente. A ver quién no se identifica con eso.

Pero, mientras en el cine cada vez se nos hace más extraño ver a la monarquía salvando los muebles, aprendiendo kung-fu y siendo los protagonistas de las historias para todos los públicos, en la literatura juvenil, sagas como 'Una corte de rosas y espinas' conquistan a los más jóvenes (y no tan jóvenes), demostrando que el problema no es el tópico en sí, sino la manera de contarlo, los matices, la caracterización de los personajes. Narrar las mismas historias, pero entendiendo los cambios sociales y atendiendo a una nueva generación que está muy lejos de la ingenuidad de nuestros abuelos.

Las princesas no tienen por qué saber aikido para ser feministas, ni los reyes deben hornear tartas de cereza para ganarse el favor de su país: basta con que no consigan un poder eterno por el simple hecho de nacer en el lugar adecuado y venir de las personas apropiadas. Abrir la puerta a que otros héroes, sin importar el lugar del que vengan y aunque no haya ninguna ventaja profética sobre ellos, también puedan salvar el día. Sí, ya sé que hay muchas películas así, pero quizá no las suficientes. Porque al final, en proporción, qué queréis que os diga: hay muchos menos reyes que personas normales. No estaría mal que se notase un poquito en el cine familiar.

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La noticia Por mucho que Disney se siga esforzando, los cuentos de príncipes azules y princesas forman parte del pasado... Y ya va siendo hora de renovar a sus protagonistas fue publicada originalmente en Espinof por Randy Meeks .