Las dos personas normales se encuentran en la calle por casualidad. La primera persona normal mira alrededor algo ofuscada, buscando a saber qué; a veces se agacha y alza la mirada casi culebreando, como si así pudiera ver mejor los carteles lejanos. La segunda persona normal se acerca, entre el recelo y la intriga. —Hola —saluda. La primera persona normal no parece darse cuenta—. Hola —repite. —¿Eh? —Hola… —insiste por tercera vez, extendiendo con cautela la mano, como si fuera a tocar a un perrillo asustado. No llega a hacerlo. —Ah, hola. —Hola, hola… Me tenías con el susto. —¿Por? —Pues no sé. Porque sí. Hacías como los espías de la tele. Pero los malos, digo, a los que les...
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