Olivia Rodrigo en Lollapalooza Argentina: La irrupción de una estrella que no necesita presentación
Las centenares de jovencitas agolpadas contra la valla del escenario principal el domingo a primera hora confirmaban lo que se esperaba del show de Olivia Rodrigo: sería el más multitudinario del festival. Como ocurrió con la presentación de Billie Eilish en la misma cita dos años atrás, la euforia del público llevó a implementar medidas [...] Ver más noticias en Indie Hoy.


Las centenares de jovencitas agolpadas contra la valla del escenario principal el domingo a primera hora confirmaban lo que se esperaba del show de Olivia Rodrigo: sería el más multitudinario del festival. Como ocurrió con la presentación de Billie Eilish en la misma cita dos años atrás, la euforia del público llevó a implementar medidas de seguridad para evitar incidentes. Ambas cosas sucedieron, pero Rodrigo estuvo a la altura, con un espectáculo cargado de energía, entrega y pop guitarrero.
La exchica Disney fue la encargada de cerrar la tercera jornada del Lollapalooza Argentina, y su show en el Hipódromo de San Isidro no solo representó el broche de oro de la décima edición del festival de Perry Farrell en Buenos Aires, sino también —y más importante aún— su debut en el país ante más de 100 mil personas. Lejos de intimidarse, la cantante y actriz estadounidense asumió el desafío con actitud y brindó un espectáculo inmersivo basado en sus dos discos de estudio publicados hasta la fecha: Sour (2021) y Guts (2023), ambos elegidos por Indie Hoy entre los mejores de cada año.
Con una carrera breve pero intensa, Rodrigo supo distinguirse del resto de las artistas de su generación con un estilo que, por momentos, se codea con el pop punk y lo alternativo. En vivo, esta propuesta se vio enaltecida por una banda de sesionistas con espíritu rockero, que llevó las canciones de la joven de 22 años a una cadencia más expansiva y poderosa. Lo teatral también jugó un rol fundamental en la orquestación de la puesta en escena: performers, bailarines, escenografía, coreografías y el gen actoral de Olivia, que asomaba en cada gesto y mirada cómplice a la audiencia.
Rodrigo subió al escenario pasadas las diez de la noche, una vez que la lluvia, que había estado cayendo de manera intermitente, cesó por completo. Apareció con un conjunto de cuero rojo, en la misma línea del vestuario que había mostrado en Chile, una Fender Mustang negra colgada al hombro, y abrió la noche con “Obsessed”. En menos de tres minutos, cantó, se arrodilló en el piso cara a cara con su guitarrista, desfiló por la pasarela y saludó a su público. La intención del show quedó clara desde el primer instante. Si Tate McRae había traído el esplendor y la sensualidad del pop al festival días atrás, Rodrigo apostó por la irreverencia y el lado más rabioso del género.
El show bajó los cambios y continuó con “Ballad of a Homeschooled Girl”. A la par que cientos de celulares iluminaban la oscuridad del escenario, el público cantó cada uno de los versos más fuerte que la propia artista. La sorpresa fue instantánea: “¡Madre mía! Creo que nunca vi tanta gente en mi vida”, dijo la cantante, para luego proponer ante tanta euforia: “Es mi primera vez en Argentina y creo que deberíamos divertirnos lo más posible”. “Vampire“, la desgarradora balada de su más reciente LP, fue la siguiente, con Olivia ahora en un piano decorado con trozos de espejos rotos. Y el Hipódromo de San Isidro se sumió en la catarsis colectiva.
Justo antes de seguir con “Drivers License”, la producción del festival encendió las luces y detuvo el show por causas de seguridad. Es que, para entonces, ya varios jóvenes habían sido sacados desvanecidos y descompuestos por los costados del escenario ante la presión del público contra las vallas. “Hemos decidido pausar temporalmente las actividades del escenario”, se pudo leer en ambas pantalles laterales del escenario principal. Después de casi diez minutos, Rodrigo finalmente volvió para retomar el show y dirigirse a la gente: “Hola, chicos, volví. Por favor, tengan cuidado y cuiden a los demás“.
A partir de entonces, el espectáculo entró en una marcha imposible de detener. Pasaron hits como “Traitor”, “Bad Idea Right?“, “Happier” y “Enough For You”, tema del cual Olivia declaró que, aunque en un principio la hacía sentir insegura, se ha vuelto su favorito. La artista lo cantó sola, en la punta de la pasarela, con la misma guitarra con la que había subido al escenario. En esa intimidad y cercanía con el público, se dio el gusto de hacer un cover. “Esta también es una de mis canciones favoritas, pero está compuesta por alguien más”, dijo antes de interpretar “Don’t Speak” de No Doubt y lograr que padres e hijos canten por igual.
Después de ese momento de cercanía con su público, llegó el momento de la introducción de su banda y la energía pop punk de “So American”, dedicada a “todos los chicos lindos de Argentina con lindo acento”. Con “Jealousy, Jealousy”, Olivia se dedicó de lleno a la interpretación, bailando, corriendo y saltando por el escenario para luego subir a una plataforma, pintarse los labios y dibujar el piso usando un labial color rojo sangre. A esta le siguió un hilo de canciones memorables: “Favorite Crime”, “Teenage Dream” y “Deja Vu”.
Cuando todo indicaba que el show llegaba a su fin, Rodrigo redobló la apuesta, regresó al escenario y cerró su debut triunfal en Argentina con una seguidilla de canciones imbatibles: la desinhibida “Brutal”, el furor tiktokero de “All-American Bitch”, y, finalmente, la explosividad de “Good 4 You”, antes de culminar con un desenlace glorioso en su himno centennial “Get Him Back!”. Con apenas 22 años, Olivia Rodrigo se puso al hombro el cierre de la décima edición del Lollapalooza Argentina con una presentación, sin dudas, memorable. El debut de la estadounidense en el país no pudo ser mejor y dejó una impresión palpable en su público, que cantó, coreó y vivió cada momento con una intensidad arrolladora. Su energía, su presencia y la conexión especial que tuvo con la audiencia convirtieron su primera visita en una noche inolvidable.
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